

El Papa León XIV, junto a los Capitanes Regentes, recibiendo honores militares a su llegada a San Marino. | Crédito: Vatican Media.
En el marco de una agenda pastoral de gran trascendencia institucional, el Papa León XIV emprendió este sábado un viaje oficial a la República de San Marino. El motivo principal de esta visita es la celebración del centenario del establecimiento de relaciones diplomáticas oficiales entre la nación europea y la Santa Sede, un hito que refuerza los lazos históricos entre ambas administraciones.
Un recorrido aéreo y el mensaje institucional hacia Italia
La jornada comenzó a tempranas horas cuando el Pontífice despegó desde Roma a bordo de un helicóptero cerca de las 8:00 a.m. (hora local). Tras un trayecto de aproximadamente 45 minutos, aterrizó en el aeródromo de Torraccia, situado en territorio sanmarinense.
A pie de pista, las máximas autoridades del Estado lo aguardaban para ofrecerle una cálida bienvenida. Entre los dignatarios se encontraban los Capitanes Regentes, Alice Mina y Vladimiro Selva, acompañados por diversos representantes del gobierno local. La comitiva de recepción también incluyó al Nuncio Apostólico en Italia y San Marino, Mons. Édgar Peña Parra, y al obispo de la diócesis local, Mons. Domenico Beneventi.
Durante su vuelo sobre territorio italiano, el Santo Padre envió un telegrama protocolar dirigido al presidente Sergio Mattarella. En la misiva, transmitió sus saludos y expresó “fervientes deseos por el progreso espiritual, civil y social de mi amada Italia”, al tiempo que detalló los objetivos de su desplazamiento pastoral hacia la república vecina para alentar el testimonio cristiano y consolidar la búsqueda del bien común.
Encuentro oficial y reflexiones en torno a la libertad
Tras los honores militares de rigor, el Papa mantuvo una reunión privada con los Capitanes Regentes en el interior del Palazzo Publico, un encuentro que posteriormente se amplió a otras autoridades gubernamentales y miembros destacados de la sociedad civil de esta nación, reconocida internacionalmente por ser la república más antigua del planeta.
Durante los discursos protocolarios, el Pontífice valoró profundamente la longevidad de los vínculos bilaterales. Al respecto, puntualizó: “Esta conexión es antigua debido a la larga coexistencia histórica, pero a la vez reciente si consideramos que hace apenas un siglo, en abril de 1926, se formalizaron las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la Serenísima República de San Marino”.
Asimismo, el Obispo de Roma centró gran parte de su alocución en analizar el concepto de la libertad, tanto en la esfera individual como en la colectiva. Ante los presentes, enfatizó que “no existe verdadera libertad civil sin libertad personal”, subrayando la urgencia de proteger la dignidad humana como un pilar fundamental garantizado por el Creador.
El Papa recordó la figura de Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes, e insistió en que los líderes políticos deben mantenerse firmes en sus principios morales incluso en los escenarios más adversos. Añadió que la libertad no se reduce a una prerrogativa individual, sino que se materializa mediante “el dar, en la comunión, en el encuentro y en el diálogo”, configurándose como un aporte indispensable para la paz.
San Marino como referente de buenas prácticas políticas
Hacia el final de su intervención ante las autoridades civiles, el jerarca de la Iglesia católica calificó al pequeño Estado europeo como un auténtico “laboratorio” de buenas políticas. Destacó especialmente el enfoque humanitario que ha caracterizado su trayectoria institucional a lo largo de los siglos.
El Santo Padre elogió “la protección de cada vida, en cada etapa, desde la concepción hasta la muerte natural”, un compromiso social que, según señaló, encuentra sus raíces más hondas en la arraigada tradición cristiana del país y en la cooperación constante entre los dirigentes políticos y la jerarquía eclesiástica en favor de toda la comunidad.








