28 septiembre, 2026

En Metz, León XIV pidió a Europa transformar las heridas de su pasado en “aberturas por las que brilla la luz”. Crédito: Daniel Ibáñez/EWTN News

Las heridas provocadas por la violencia en el pasado reciente de Europa son oportunidades para arrojar luz sobre el mal y construir un futuro de armonía, afirmó este lunes el Papa León XIV.

En el último evento de su viaje a Francia, el Papa celebró la Misa en la Catedral de Metz, una imponente construcción gótica dedicada a San Esteban y conocida como la “linterna del Buen Dios” por su gran extensión de vitrales. Con casi 6.500 metros cuadrados de vidrieras, posee la mayor superficie de vitrales de cualquier estructura religiosa medieval.

“Parece que los constructores buscaron minimizar los muros —que permanecen sólidos— para que la luz pudiera entrar abundantemente e inundar a los fieles”, señaló el Papa.

“Al contemplar estos vitrales, aprendemos que el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias, donde las heridas del pasado se convierten en aberturas por las que brilla la luz”, afirmó.

El Vaticano informó que 35.000 católicos de Metz y de las zonas cercanas participaron en la Misa, tanto dentro de la catedral como en las calles aledañas, donde siguieron la celebración a través de grandes pantallas. Algunos participantes contaron que se tomaron el día libre del trabajo o de los estudios para asistir.

“Es maravilloso poder venir a celebrar la paz y encontrarnos con todos los cristianos que han venido para la ocasión, y sentir que estamos todos juntos, unidos por la misma causa y los mismos valores”, afirmó Humbeline Deville, estudiante de Bellas Artes de 20 años.

“El hecho de que haya elegido esta ciudad y que nos haya hecho el honor de venir aquí es realmente importante para nosotros”, señaló Hassina Boulariah mientras caminaba hacia el centro de la ciudad casi cuatro horas antes del inicio de la Misa.

Dentro de la catedral, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y su esposa, Brigitte, ocuparon la primera fila.

Metz, una ciudad del noreste de Francia, se encuentra a unos 44 kilómetros del punto triple de Schengen, donde confluyen las fronteras de Luxemburgo, Francia y Alemania.

La zona franco-alemana tiene una gran importancia en la historia europea. Fue anexionada por el Imperio alemán a comienzos del siglo XX y posteriormente por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Metz también fue la ciudad donde vivió Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la Unión Europea.

Para la Iglesia, la ciudad también es recordada como el lugar histórico de origen del canto gregoriano, conocido como “canto de Metz” o “canto metense”, que se desarrolló durante el Renacimiento carolingio del siglo VIII.

“Los que buscan venganza no son más fuertes que quienes perdonan”

En su homilía durante la Misa, el Papa León recordó la historia de este territorio, especialmente los “conflictos fratricidas” que lo desgarraron.

Quienes proceden de esta tierra, afirmó, “saben muy bien que no es verdad que quienes buscan venganza sean más fuertes que quienes perdonan”.

León señaló que “se necesita fuerza y una gran integridad para no dejarse vencer por el mal, especialmente cuando las heridas infligidas son profundas”.

Sin embargo, frente a la injusticia, “el único camino de salvación para la humanidad es un amor que se preocupa por los demás y busca ofrecer confianza independientemente de las circunstancias, incluso cuando se enfrenta a comportamientos que resultan más difíciles de aceptar”.

“En un mundo marcado por tanta violencia, manipulación y arrogancia a distintos niveles, Jesús nos enseña a transformar los desiertos en oasis, a plantar jardines y a construir hogares. Nos muestra el camino que pasa por el perdón, la misericordia y la magnanimidad”, afirmó.

Yvette Bisiaux llevó en silla de ruedas a su hija adulta, Sandrine Coquelet, para participar en la Misa.

“Vivimos aquí, así que dijimos: ‘¡Vamos!’”, contó.

Bisiaux añadió que quedó “realmente conmovida” por el discurso del Papa a los enfermos en Lourdes el 27 de septiembre. “Tenía lágrimas en los ojos. Fue tan, tan hermoso, tan verdadero”, afirmó.

San Agustín y la paz

En su homilía, el Pontífice citó La ciudad de Dios, de San Agustín, señalando que el obispo de Hipona “definió la paz de la ciudad celestial como una comunión armoniosa en la que las personas encuentran alegría en Dios y en los demás a través de Él”.

San Agustín “también describió la paz entre las personas como fruto de una tranquillitas ordinis”, añadió León, mediante la cual cada persona reconoce y respeta la dignidad y el papel únicos y sagrados de los demás.

“Aquí, en Metz, vale la pena recordar que estos son precisamente los valores sobre los que se ha construido la Europa que conocemos a lo largo de los siglos, con su patrimonio espiritual y moral anterior a su patrimonio económico y político”, afirmó.

El Papa recordó que nunca ha sido fácil ser fiel a estos principios, tampoco para quienes vivieron antes que nosotros.

“Sin embargo, mediante la fidelidad y la perseverancia, nuestros antepasados nos los legaron como tesoros que, a nuestra vez, debemos transmitir a las generaciones futuras, enriquecidos por nuestra experiencia, por el valor de nuestros esfuerzos y por nuestras historias”, señaló.

Antes de la Misa, las personas que esperaban al Papa ondeaban banderas francesas y regionales. También se veían banderas alemanas entre la multitud, que incluía entusiastas grupos de scouts con uniforme, personas mayores sentadas en pequeños bancos portátiles y jóvenes adultos abrazándose.

Algunos adolescentes cansados dormían sobre el camino de piedra del histórico mercado al aire libre situado junto a la catedral.

La madre de los adolescentes, Marion Bertagnolio, afirmó que valía la pena tomarse un día libre de su trabajo como profesora de Física para participar en la Misa.

“Somos católicos y para mí es demasiado importante venir aquí a rezar con él, a verlo”, señaló Bertagnolio, quien acudió junto a su esposo y cuatro de sus seis hijos, de entre 10 y 19 años.

Dijo que esperaba que León pudiera llevar un mensaje de paz a Francia, especialmente ante las elecciones presidenciales previstas para comienzos del próximo año. También mencionó las divisiones dentro de la comunidad católica del país, particularmente en torno a la Misa tradicional en latín.

“Espero que el mensaje [del Papa] cambie nuestros corazones” para que estemos más unidos, afirmó.

Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.

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