El pontífice clausura su viaje a Francia con un llamamiento a las nuevas generaciones
Durante la última jornada de su visita oficial a territorio francés, el máximo representante de la Iglesia católica intervino en la localidad de Metz en el marco de la conferencia internacional «A las raíces de Europa por la paz y la unidad». En su discurso ante líderes políticos y religiosos, el Santo Padre instó a la juventud a mirar hacia el futuro con esperanza y a preservar los valores fundamentales del continente.
El evento tuvo lugar en un centro cultural que lleva el nombre de Robert Schuman, figura clave en la integración europea y originario de la región de Mosela. El obispo de Roma recordó el legado de los principales artífices de la comunidad comunitaria, destacando cómo el pensamiento humanista y cristiano moldeó las bases institucionales y sociales del territorio tras los conflictos bélicos del siglo pasado.
La influencia del cristianismo y el legado de los padres fundadores
Analizando la evolución histórica del continente, el pontífice subrayó que la identidad europea se define principalmente a través de su dimensión cultural y espiritual, más allá de las meras fronteras geográficas. En este sentido, recordó la aportación fundamental de figuras históricas como san Benito, reconocido por su impulso a la educación, la sanidad y la organización social.
Asimismo, citó las palabras del propio Schuman para enfatizar el papel igualitario y integrador de los valores cristianos: «El cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos del mismo Dios, redimidos por el mismo Cristo, sin distinción de raza, color, clase o profesión. Ha reconocido la primacía de los valores interiores que solos ennoblecen al hombre. La ley universal del amor y de la caridad ha hecho de todo hombre nuestro prójimo y las relaciones sociales en el mundo cristiano desde entonces se apoyan en ella».
El discurso también abordó la relación entre las instituciones civiles y las entidades religiosas, defendiendo una laicidad basada en la colaboración mutua y el respeto a la autonomía de cultos, tal como recogen los tratados oficiales de la Unión Europea.
Desafíos migratorios y la urgencia de la paz global
Ante el fenómeno migratorio actual, el pontífice reiteró la necesidad de gestionar la llegada de personas desplazadas mediante mecanismos estructurados que garanticen la integración social y el respeto absoluto a los derechos humanos, recordando su reciente llamamiento sobre la materia: «La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra».
En el ámbito geopolítico, lamentó el resurgimiento de conflictos bélicos en el continente europeo y advirtió contra la falsa sensación de seguridad generada por el incremento del gasto armamentístico. Frente a la confrontación, abogó por recuperar el espíritu de cooperación internacional y el valor del derecho diplomático.
Un mensaje directo de compromiso para la juventud
En la parte final de su intervención, el Papa dirigió unas palabras motivadoras a las jóvenes generaciones, animándoles a rechazar el pesimismo y a comprometerse activamente con la sociedad:
«Que esta idea de una Europa reconciliada, unida y fuerte sea, a partir de ahora, la consigna para las jóvenes generaciones deseosas de servir a una humanidad liberada al fin del odio y del miedo y que, después de desgarramientos demasiado largos, aprende nuevamente la fraternidad cristiana».
Finalmente, el pontífice concluyó con una exhortación a defender la vida y la familia: «No tengan miedo de formar una familia, de tener hijos, de defender la dignidad de cada persona, desde el primer instante en el vientre de la madre hasta su último aliento».








