Arzobispo de Santiago exhorta al sector empresarial chileno a anteponer la ética sobre los balances financieros


Durante un concurrido encuentro institucional, el Cardenal y arzobispo de Santiago, Fernando Chomalí, hizo un llamado directo a los líderes corporativos y ejecutivos del país para priorizar la dignidad humana y el bienestar colectivo por encima de las métricas puramente económicas. La convocatoria sirvió como escenario para la presentación oficial del documento titulado “La empresa promotora del bien común”.
Un llamado ante más de trescientos líderes del sector privado
La presentación del texto tuvo lugar en la sede principal del Arzobispado metropolitano, en una ceremonia organizada conjuntamente con la Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC). El evento congregó a más de 300 actores económicos, entre fundadores, altos ejecutivos y emprendedores. La jornada contó también con ponencias magistrales a cargo de figuras de renombre nacional como el economista y expresidente del Banco Central, Vittorio Corbo, y el exministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Moreno.
El documento reflexiona profundamente sobre la vocación intrínseca de la actividad mercantil, el valor del empleo, la estabilidad familiar, el impacto de las nuevas tecnologías y la responsabilidad intergeneracional. En su núcleo, la misiva plantea un cuestionamiento fundamental para los dirigentes: “¿Qué generación vamos a dejar a la sociedad futura?”. Asimismo, incentiva a los empleadores a evaluar de qué manera sus decisiones cotidianas moldean un entorno más equitativo y humano.
La empresa entendida como comunidad de personas
Si bien el purpurado reconoció el rol indispensable del sector privado como motor del crecimiento económico y principal creador de puestos de trabajo, advirtió que la labor empresarial no puede agotarse en la rentabilidad financiera. Para el arzobispo, las organizaciones productivas deben concebirse fundamentalmente como comunidades humanas.
Al respecto, la misiva puntualiza que “las empresas no son de suyo auténticamente humanas por el solo hecho de ser pequeñas, ni dejan de serlo cuando crecen. Su calidad humana dependerá siempre de las convicciones con que fueron concebidas y del modo en que quienes las dirigen entienden su responsabilidad de cara al bien común”. En este sentido, aunque admitió que la utilidad financiera demuestra una correcta asignación de recursos, sentenció que “podemos tener balances positivos con personas ofendidas en su dignidad”.
Retos laborales, inclusión y equidad de género
El texto dedica un espacio significativo al análisis del empleo, describiéndolo como una de las políticas públicas y sociales más potentes para el desarrollo de la nación. El jerarca católico expresó especial inquietud por problemáticas persistentes como el desempleo juvenil y abogó por abrir mayores oportunidades laborales para colectivos tradicionalmente excluidos, tales como migrantes, personas con discapacidad y ciudadanos que han cumplido condenas penitenciarias.
En el ámbito de la convivencia entre la esfera laboral y la vida privada, el documento subraya que “el trabajo jamás puede competir con la familia”, exhortando a las compañías a flexibilizar sus normativas para atender las demandas familiares de sus colaboradores. De igual forma, se aborda la compleja situación de las mujeres en el mercado de trabajo, denunciando la discriminación vinculada a la maternidad, las brechas salariales y la escasa presencia femenina en las altas esferas de decisión corporativa.
El dilema ético frente a la inteligencia artificial
Ante la vertiginosa irrupción de la inteligencia artificial y la automatización, el arzobispo valoró los beneficios de la innovación para optimizar procesos y resolver problemáticas complejas. No obstante, alertó sobre los riesgos de desplazar el factor humano en favor de la pura tecnificación.
Frente a esta transformación digital, el Cardenal aseveró con firmeza que “la eficiencia, la reducción de costos y el aumento de la competitividad son objetivos legítimos, pero nunca pueden alcanzarse sacrificando la dignidad de las personas”.
Finalmente, el escrito reconoce las diversas iniciativas solidarias y educacionales que el empresariado ya impulsa en beneficio de los sectores más desfavorecidos, y anima a incorporar la solidaridad como un eje transversal de la gestión corporativa, recordando que con su acción se puede “mejorar de manera directa y radical la vida de muchas personas”.








