Santa Cruz, Bolivia — Monseñor René Leigue Cesarí, Arzobispo de Santa Cruz, ha dirigido un enérgico llamado a la comunidad boliviana para que asuma un rol de “luz” en el tejido social, promoviendo la unidad y trabajando incansablemente por el bienestar colectivo. El mensaje del prelado, pronunciado durante su homilía dominical, entrelazó profundas reflexiones espirituales con una aguda observación de la coyuntura social y económica que actualmente polariza al país andino.
El Arzobispo centró su predicación en la figura de Jesús, tal como lo describe el Evangelio: el Cordero de Dios que redime los pecados del mundo. “Jesús se nos presenta como aquel que vino para liberarnos de las cargas del pecado. Se manifiesta como el cordero, como aquel que entrega su existencia por nuestra salvación”, enfatizó Monseñor Leigue Cesarí. Destacó cómo Cristo no solo purifica, sino que también se convierte en sustento espiritual, en “alimento que nos infunde fortaleza”.
Profundizando en este concepto, el líder eclesiástico explicó que si Jesús encarna la luz para la humanidad, entonces aquellos que forman parte de la familia cristiana, a través del bautismo, están igualmente llamados a irradiar esa misma luz. “Si somos parte de esta gran familia de fe, si hemos recibido el sacramento del bautismo, entonces tenemos la vocación de ser faros de esperanza y guía para nuestros hermanos”, afirmó.
El Arzobispo recordó que el Bautismo de Jesús marca el umbral de una existencia renovada y transformadora. Hizo hincapié en la humildad de Cristo al situarse “en la fila de los pecadores”, un gesto que simboliza el inicio de una vida orientada hacia la virtud y el servicio. Este sacramento, explicó, nos confiere una igualdad intrínseca como hijos e hijas de Dios, instándonos a vivir en consonancia con los principios divinos y a asegurar que nadie sea abandonado en momentos de adversidad o sufrimiento. En este contexto, invitó a los fieles a una introspección sincera: ¿Nuestras acciones iluminan senderos o, por el contrario, proyectan sombras y crean barreras en la vida de los demás?
La exhortación de Monseñor Leigue Cesarí adquiere una relevancia particular en el actual escenario boliviano. El país ha sido testigo de un clima de creciente tensión social, exacerbado por la reciente promulgación del decreto presidencial 5503. Esta normativa, parte de una serie de medidas gubernamentales para “sincerar la economía” durante los primeros meses de la actual administración, contemplaba, entre otras disposiciones, la eliminación de la histórica subvención a los hidrocarburos.
La supresión de esta ayuda estatal provocó una abrupta escalada en los precios de los combustibles a nivel nacional, desencadenando una ola de descontento popular. En respuesta, diversas organizaciones sociales y sectores de la población protagonizaron numerosas protestas y bloqueos de rutas estratégicas, paralizando el transporte y afectando significativamente la cadena de suministro y la vida cotidiana de los ciudadanos. La magnitud de las movilizaciones fue tal que, incluso tras la posterior derogación del decreto 5503, las manifestaciones y la polarización social persistieron, evidenciando un malestar más profundo en la sociedad.
Frente a esta compleja realidad, Monseñor Leigue Cesarí instó a la reflexión. Reconoció que, si bien “hay quienes mantienen una gran esperanza de avanzar, otros siguen lamentándose por lo que se ha perdido o por el pasado”. Al abordar directamente el tema de los bloqueos de carreteras, el Arzobispo fue categórico: “Es una de las acciones que no nos beneficia. Bloquear las vías, obstruir las calles, involucra a personas que no tienen responsabilidad alguna en el conflicto”.
El prelado también cuestionó la legitimidad de las representaciones sin un consenso amplio. “Hablar en nombre de todos, me parece que no es el camino más adecuado”, señaló, haciendo un llamado explícito a superar las confrontaciones y a buscar consensos que permitan “avanzar por el bien de la totalidad de la población”. Sus palabras resuenan como un llamado a la madurez cívica y al diálogo constructivo como vía para la resolución de conflictos.
Para concluir su mensaje, el Arzobispo de Santa Cruz animó a la comunidad a mantener una fe inquebrantable. “Problemas no faltarán, es cierto, pero nuestra fe no debe flaquear. Es en esos momentos donde debemos mantenernos firmes para dar testimonio, y es precisamente allí donde emerge esa luz. Si somos constantes y firmes en la fe que profesamos, entonces nos convertimos en luz para los demás”, sintetizó. Este mensaje subraya la importancia de la resiliencia espiritual como fundamento para la acción social y la esperanza en tiempos difíciles.
Finalizó su homilía con una oración y un deseo de unidad: “Que el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo nos acompañe siempre, nos nutra espiritualmente y nos conceda la gracia de abrirle un espacio significativo en nuestras vidas y en nuestra sociedad”. Con estas palabras, Monseñor Leigue Cesarí reafirmó el compromiso de la Iglesia Católica boliviana con la paz, la justicia social y la reconciliación en un momento crucial para el país.





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