2 octubre, 2022

Viernes del Tiempo de Navidad

 

I Jn 5, 5-13

Sal 147

Lc 5, 12-16

 

 

Dice un dicho por muchos conocidos: “las palabras convencen, pero el testimonio arrasa”. Y es que en la vida del cristiano no basta dar testimonio solo de palabra, sino de llevar a la practica todo aquello que nuestros labios profesan sobre Dios.

 

Hoy San Juan nos presenta, por medio de un lenguaje simbólico, que el testimonio es triple: el Espíritu, el agua y la sangre. ¿A quién se refiere con esta afirmación? Sin duda alguna a Jesucristo. Este Jesús, en quien creemos, es el que fue bautizado con agua en el Jordán por el Bautista, descendió sobre Él el Espíritu Santo y al final de su vida derramó su sangre en la cruz. Con esto, nos damos cuenta de que el testimonio de Dios, sobre su Hijo, es verdadero, llevándonos a creer en Él.

 

Ahora bien, si nosotros creemos en este enviado de Dios, vamos a poder vencer al mundo, teniendo acceso a la vida eterna: “¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”.

 

Sin embargo, deberíamos preguntarnos: ¿estamos venciendo al mundo? ¿Vamos derrotando al mal que existe en nosotros y en el mundo? “El que verdaderamente a vencido al mundo es Cristo” (cfr. Jn 16, 33). Si nosotros decimos que somos seguidores de Jesús, deberíamos de estar participando de su victoria.

 

Jesús es una persona de buen corazón, y sabe de nuestras debilidades, de nuestros fracasos cada vez que intentamos alejarnos de la vida de pecado y no lo conseguimos. Como aquel leproso, también nosotros dirijámonos a Él: “Señor, si quieres, puedes curarme”.

 

El Señor nunca nos dejará solos, está dispuesto a extender su mano para ayudarnos, su mirada siempre llegará a lo más profundo de nuestro ser y nos invitará a seguir luchando. Él nos dice: no te des por vencido, a la siguiente lo lograrás; creen en mí, cree que yo puedo hacerlo.

 

Por esa razón, los que creemos en Jesús y lo seguimos, debemos de tener puesta nuestra confianza en Él, sabiendo que estamos llamados a ser cercanos, ser apoyo para los que sufren. Así como Cristo se hace testimonio, nosotros debemos ser testimonio. Ser solidarios y extender nuestras manos hacia el que sufre es darle esperanza, como el mismo Jesús nos la da a nosotros.

 

Que el Señor nos conceda la gracia de vivir siempre en fidelidad a la fe que hemos depositado en Jesucristo, que nos de la fortaleza de vencer a las tentaciones del mundo, que nos otorgue un corazón que siempre lo busque a Él y que nos haga ser cercanos al prójimo.

 

 

Pbro. José Gerardo MoyaSoto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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