Una inédita encuesta ha revelado un profundo malestar entre los empleados laicos del Vaticano, exponiendo serias deficiencias en las condiciones laborales, la gestión de personal y la confianza en la cúpula directiva. Este sondeo, pionero en su naturaleza representativa, ha sido impulsado por la Asociación de Empleados Laicos del Vaticano (ADLV), una entidad que, aunque sin reconocimiento sindical formal, busca salvaguardar los derechos de los trabajadores del pequeño Estado. Los resultados dibujan un panorama de insatisfacción generalizada y una demanda urgente de cambios, un desafío significativo para el recién llegado Pontífice, el Papa León XIV, quien ha despertado una cautelosa esperanza entre la plantilla de la Santa Sede.
La investigación de la ADLV, realizada entre el 15 de diciembre y el 7 de enero, se ha convertido en la primera evaluación representativa de este tipo en la Ciudad del Vaticano. La iniciativa busca sacar a la luz una situación descrita por la propia asociación como compleja y desalentadora, una realidad que la ADLV venía denunciando desde hace años, a menudo sin obtener respuesta concreta.
Aunque la Santa Sede emplea a aproximadamente 4.200 personas, la encuesta capturó las voces de 250 empleados, de los cuales el 80% son miembros de la asociación. La ADLV destaca que, a pesar de la limitada muestra, se procuró una selección heterogénea que incluyera diversos dicasterios y entidades vaticanas, buscando reflejar la complejidad y diversidad de la plantilla de trabajadores del Vaticano. Es crucial recordar que, en el particular ordenamiento vaticano, la figura del sindicato tradicional y el derecho a huelga no existen, pues se considera que todos los empleados contribuyen a la misma misión del Pontífice y de la Iglesia. Esta particularidad otorga a la ADLV un papel central, aunque informal, en la representación de los intereses de los empleados laicos.
Uno de los hallazgos más contundentes del sondeo es la palpable distancia que los trabajadores perciben entre la jerarquía y el personal de base. Un abrumador 73.9% de los encuestados reporta un claro alejamiento con sus superiores, quienes en su mayoría son cardenales u obispos, contrastando con un escaso 12.8% que se declara satisfecho con esta relación. La desconfianza se extiende a los procesos de selección de directivos: el 71.6% considera que los líderes no son elegidos con criterios de transparencia ni mediante trayectorias profesionales claras y meritocráticas. Asimismo, la comunicación se presenta como un punto débil, con un 26% de los trabajadores que afirma no poder mantener un diálogo abierto y sincero con sus responsables directos, lo que sugiere un entorno donde la expresión libre de ideas o preocupaciones puede ser limitada.
La encuesta también subraya una profunda percepción de falta de reconocimiento y oportunidades profesionales. Un 75.9% de los participantes cree que los recursos humanos no son adecuadamente valorados, ubicados ni motivados dentro de la estructura vaticana. De manera similar, el 75.8% opina que el ambiente laboral no fomenta ni premia la iniciativa individual, el mérito o la experiencia acumulada con la antigüedad. Un aspecto de gran preocupación entre los empleados del Vaticano es el estancamiento profesional: el 73% de los encuestados denuncia un bloqueo en su progresión de carrera en referencia a los niveles funcionales, y la suspensión del “bienio salarial”. Esta compensación, un componente de la retribución que se sumaba al salario base y es crucial para el cálculo de pensiones y liquidaciones (TFR), fue eliminada por el Papa Francisco en 2021 como medida de ahorro ante el déficit de la Santa Sede, impactando negativamente la seguridad económica futura de los trabajadores y generando un descontento palpable. La valoración de las reformas laborales implementadas en la última década es mayoritariamente negativa; el 68% considera que estas no han generado beneficios tangibles, sino más bien restricciones y un ambiente de cierre.
Aún más alarmantes son las denuncias relacionadas con el trato y la justicia en el lugar de trabajo. Más del 56% de los encuestados afirmó haber sufrido injusticias o comportamientos humillantes por parte de sus superiores. Esta es una realidad que la ADLV insta a abordar con urgencia, a pesar de que el acoso laboral o “mobbing” no esté formalmente tipificado como delito en el ordenamiento jurídico vaticano. La percepción de favoritismo y desigualdad de trato es generalizada, con un 73.4% de los trabajadores reportando inseguridad en la protección de sus propios derechos, incluyendo aspectos críticos como el sistema de pensiones, y una falta de atención general hacia el bienestar del personal. La insuficiencia en la inversión en formación del personal también fue destacada, con más del 79% de los encuestados expresando insatisfacción por la falta de recursos destinados a su desarrollo profesional.
Los resultados del sondeo revelan una clara necesidad y deseo de contar con mecanismos de representación laboral oficialmente reconocidos y con mayor capacidad de influencia. En este contexto, la confianza en la ADLV es notablemente alta: más del 71% de los encuestados indicó que recurriría a esta asociación en caso de un conflicto laboral, en contraste con un escaso 10% que optaría por el Tribunal Laboral (ULSA). Además, cerca del 75% considera que la vía más efectiva para la resolución de problemas es el diálogo directo entre la ADLV y los responsables de los distintos dicasterios, lo que subraya la búsqueda de canales de comunicación estables y constructivos para mejorar las condiciones laborales en el Vaticano. Respecto al Fondo de Asistencia Sanitaria (FAS), la valoración es, en general, positiva, con el 48.1% considerándolo un servicio de calidad, especialmente entre los jubilados, aunque no exento de críticas específicas.
Una sección significativa del cuestionario invitó a los empleados a dirigir sugerencias directamente al Pontífice. Las respuestas convergieron en una demanda colectiva para restaurar la dignidad, dar voz y garantizar una protección real a los trabajadores, mediante una mayor representación, transparencia, diálogo y respeto a la persona y sus derechos. Conceptos como “no ser solo números”, “tutelar con dignidad” y “amar al personal como al prójimo” se repitieron, enfatizando una exigencia que trasciende lo meramente contractual para adentrarse en el ámbito ético y humano, buscando ser un antídoto frente a la desilusión y la desconfianza crecientes en el ambiente de trabajo. Más allá de las reivindicaciones salariales, como la revisión de sueldos o ayudas familiares, el sondeo destapa un profundo anhelo de respeto y reconocimiento personal, vital para contrarrestar la creciente desilusión y desconfianza.
La llegada del Papa León XIV representa una oportunidad para abordar estas problemáticas estructurales. De hecho, la ADLV ha señalado como primeras señales positivas la intervención inmediata del nuevo Pontífice en el Tribunal Laboral, la autorización del pago del bono vinculado al cónclave —que había sido suprimido— y los indicios de apertura hacia un posible camino de diálogo común. ACI Prensa intentó obtener la postura de la Secretaría para la Economía, responsable directa de la Oficina de Recursos Humanos de la Santa Sede, pero no obtuvo respuesta al momento de la publicación de este artículo. Este silencio subraya la urgencia de una respuesta institucional a las voces de quienes sostienen día a día el funcionamiento del Estado Vaticano y la misión de la Iglesia.





Agregar comentario