En el marco de su primer viaje apostólico a territorio francés, el Pontífice encabezó una masiva vigilia de oración que congregó a 80.000 jóvenes en el Estadio de Francia, ubicado en la localidad de Saint-Denis. Durante el encuentro, que marcó el cierre de las actividades de su primera jornada en el país europeo, el Santo Padre pronunció un profundo mensaje centrado en la fe, la libertad y el compromiso social.
La verdadera libertad en tiempos modernos
Tomando como referencia las enseñanzas de San Pablo a Timoteo, el Obispo de Roma recordó a los asistentes que la esencia de la vida cristiana radica en una relación profunda con el Creador. Ante una multitud que valora enormemente la autonomía personal, el líder católico subrayó que la verdad nos hará libres y que esa fuente inagotable se encuentra en la compañía de Jesucristo.
Asimismo, advirtió sobre los peligros de caer en un estilo de vida marcado por el consumo superficial y la búsqueda desmedida de aprobación digital. Según explicó, la dinámica actual empuja a las personas a tenerlo todo, pero a no ser nadie, generando una profunda sensación de aislamiento existencial.
Los tres verbos para transformar el presente
Para contrarrestar las sombras de la época actual, el Papa invitó a los presentes a poner en práctica tres actitudes fundamentales basadas en la carta paulina: huir del mal, tender hacia el bien y librar la batalla de la fe.
- Huir: Rechazar el orgullo, la vanidad, la violencia y la avidez que destruyen los vínculos humanos.
- Tender: Cultivar virtudes como la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre, manteniendo un entrenamiento constante hacia la santidad.
- Luchar: Comprometerse activamente con los valores del Evangelio, recordando que la única arma legítima es el amor que se entrega por los demás.
Un camino guiado por el ejemplo de los santos
Recordando la rica tradición espiritual de Francia, el Pontífice evocó la figura de referentes históricos como el Beato Marcel Callo y Santa Juana de Arco, quienes supieron mantener su integridad y luchar con audacia en momentos de profunda oscuridad. Además, animó a la juventud a invocar la intercesión de Santa Teresa del Niño Jesús para incorporar el amor cotidiano como base fundamental de toda paz duradera.
Hacia el final de la vigilia, al contemplar las reliquias de la túnica y la cruz, el máximo representante de la Iglesia católica recordó que la victoria de Cristo sobre el pecado ofrece una redención universal. Finalmente, formuló un llamado directo a las nuevas generaciones para consolidarse como testigos luminosos de este Evangelio, capaces de renovar los cimientos de la sociedad contemporánea a través de la concordia y la fraternidad.








