

El Papa preside la Audiencia General en la plaza de San Pedro del Vaticano. Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News
Durante la audiencia celebrada este miércoles 2 de septiembre, el Papa dio inicio a una serie de enseñanzas centradas en la Constitución pastoral Gaudium et spes. Este documento histórico representa la respuesta de la comunidad eclesiástica ante los desafíos y expectativas de la sociedad moderna, marcando un hito en la forma en que la institución se vincula con su entorno.
La mirada optimista del Concilio frente a la historia
Para contextualizar este nuevo ciclo de formación, el Pontífice recordó las palabras pronunciadas por San Juan XXIII en la apertura del Concilio Vaticano II el 11 de octubre de 1962, cuando rechazó la postura de los «profetas de calamidades» que «aun en su celo ardiente […] van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia».
Asimismo, destacó que el discernimiento plasmado en el documento tres años más tarde no responde a un optimismo superficial, sino a una fidelidad profunda al modelo de Cristo. Al encarnarse, el Hijo de Dios optó por compartir la vivencia humana en su totalidad, asumiendo las consecuencias del quebranto moral para convertirse en un rescate universal. Por esta razón, el texto conciliar establece que la Iglesia debe hacer propios «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren».
Un llamado a la cercanía y al compromiso social
El Obispo de Roma enfatizó que los creyentes no pueden mantenerse al margen ni actuar como meros espectadores frente a las transformaciones de la historia. Por el contrario, la fe exige una escucha atenta y una implicación real en las dificultades ajenas, especialmente ante realidades tan lacerantes como la injusticia, la discriminación y la violencia.
Esta proximidad con el dolor humano permite interpretar los acontecimientos a la luz del Evangelio, cumpliendo con el mandato de «escrutar a fondo los signos de la época». En este sentido, la autoridad eclesiástica recordó que la institución no persigue ninguna ambición terrenal, sino que busca imitar a Cristo, quien acudió al mundo para servir y dar testimonio de la verdad.
Además, se retomó la enseñanza de Papa Francisco respecto a que «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica […] Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos».
Las contradicciones del mundo contemporáneo
Durante su mensaje, el Papa señaló las múltiples paradojas que definen a la sociedad actual. Entre ellas destacó un desarrollo científico y tecnológico sin precedentes que beneficia únicamente a sectores reducidos, así como el incremento de la disponibilidad económica que contrasta drásticamente con los niveles de hambre y miseria que padece una parte significativa de la población global.
De igual manera, advirtió sobre la toma de conciencia en torno al futuro del planeta que choca frontalmente con la persistencia del consumo egoísta y la falsa creencia de que los conflictos bélicos son herramientas válidas para alcanzar la concordia. Ante estos desequilibrios, la comunidad de creyentes está convocada a ofrecer respuestas inspiradas en el sacrificio y la entrega de Cristo, señalándolo como el centro y fin de toda la historia humana.








