30 noviembre, 2022

 I Domingo de Adviento, Ciclo “C”

Jr 33, 14-16
Sal 24
I Tes 3, 12- 4, 2
Lc 21, 25-28. 34-36

El día de hoy comenzamos el Adviento, el cual viene a ser el tiempo litúrgico que nos prepara para la celebración de la Navidad, invitándonos constantemente a levantar la mirada y abrir nuestro corazón para recibir a Jesús.

En este tiempo de Adviento, no vivimos solamente la espera navideña, sino que también estamos invitados a despertar la espera del glorioso regreso de Jesucristo – Aquel que volverá al final de los tiempos –, preparándonos para el encuentro final con Él mediante las decisiones de nuestra vida.

Al iniciar un nuevo ciclo anual, la liturgia invita a toda la Iglesia a renovar su anuncio a todos los pueblos. Esto lo podemos resumir en dos palabras: “Dios viene”. Una expresión tan sencilla y sintética pero que contiene una gran riqueza y profundidad.

Reflexionemos un poco en esto: el verbo no está conjugado en pasado – Dios vino – ni en futuro – Dios vendrá –, sino que más bien está en presente: “Dios viene”. Si nos damos cuenta, se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que se realiza siempre, la cual ocurrió antes, sucede ahora y continuará ocurriendo en el futuro. Podemos decir, entonces, que “Dios viene siempre”.

El Adviento invita a todos los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y, por ende, actuar coherentemente. Debe de ser un llamado al corazón que constantemente le está repitiendo en lo más profundo del mismo: “Despierta. No olvides que Dios viene”.

Ahora bien, el Adviento es un tiempo muy apto para vivirlo con totalidad y entrega, no reduciendo únicamente el corazón para la celebración de la Navidad, sino para irlo preparando para el encuentro definitivo con Dios, cuando él vuelva con todo su poder a redimirnos.

Nadie sabe ni el día ni la hora en que nos presentemos al Padre. Por eso, el tiempo del Adviento deberá de ser un tiempo que se siga prolongando a lo largo de nuestra vida, de manera que todos los días de la misma la vivamos con entereza, cuidándonos de no caer en aquellas tentaciones que nos imposibiliten estar vigilantes, tales como las que mencionan Jesús y San Pablo: “Estén alertas, para que los vicios, la embriaguez y las persecuciones no entorpezcan su mente…”; “Por lo demás, hermanos, les rogamos y los exhortamos en el nombre del Señor Jesús a que vivan como conviene, para agradar a Dios”.

Este tiempo que estamos comenzando, es una nueva oportunidad para mejorar nuestro ser discípulos del Señor, de comenzar (o recomenzar si ya lo has iniciado) una transformación de mi persona para asemejarme cada vez más al Maestro, como lo dice el profeta Isaías: “Brotará un renuevo del tronco de Jesé” (Is 11, 1). También de nuestro corazón ha de rebrotar una nueva persona, un reforzado cristiano, un renovado hijo de Dios.

Que este tiempo de Adviento, que estamos iniciando, el Señor nos conceda irlo prolongándolo a lo largo de toda nuestra vida y así, el Señor, cuando regrese lleno de gloria y poder, nos encuentre “en vela” y “preparados”.

Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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