El 1 de julio de 2026, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) realizó la ordenación de cuatro obispos en Ecône, Suiza, desafiando las reiteradas advertencias y un llamado explícito del Papa León XIV. Este acto de desobediencia, llevado a cabo sin la autorización del Pontífice y del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ha culminado en la declaración formal de cisma por parte del Vaticano, generando una grave fractura en la unidad de la Iglesia Católica.
Inmediatamente después de estos acontecimientos, el Arzobispo Gustavo García Siller de San Antonio, Texas (Estados Unidos), emitió una carta el 2 de julio, tanto en inglés como en español, instando a los fieles de su arquidiócesis a cesar toda participación en las actividades de la FSSPX. En su misiva, el prelado subrayó la seriedad del “acto cismático”, señalando que este conlleva la excomunión automática de sus perpetradores y profundiza una herida en la unidad eclesial.
**La reacción de la Arquidiócesis de San Antonio**
Monseñor García Siller explicó la situación canónica previa de la FSSPX en su diócesis, indicando que, desde 2020, había mantenido cierta “colaboración” con los sacerdotes de la fraternidad. Esta colaboración incluía la concesión de delegación para la celebración de matrimonios en la capilla de la FSSPX, una medida que buscaba garantizar la validez canónica del sacramento para los fieles que lo solicitaban. Sin embargo, tras el decreto vaticano, el Arzobispo fue categórico: “a la luz del decreto emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe el 2 de julio de 2026, ya no concederé delegación a los sacerdotes de la Fraternidad para presidir válidamente matrimonios ni para ejercer el ministerio bajo ningún concepto dentro de los límites de la arquidiócesis”.
Además, la instrucción del Arzobispo fue clara y directa para los católicos bajo su jurisdicción: “instruyo a todos los católicos de la Arquidiócesis a que dejen de asistir a la misa de la FSSPX y a otras actividades que se llevan a cabo en la Capilla de San José”. Esta directriz busca salvaguardar la comunión de los fieles con la Iglesia Católica Romana y el Santo Padre, León XIV.
**El origen y la trayectoria de la FSSPX**
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X fue fundada en 1970 por el fallecido arzobispo Marcel Lefebvre, con el propósito declarado de preservar la liturgia tradicional anterior a las reformas implementadas tras el Concilio Vaticano II. Desde sus inicios, el grupo ha mantenido una postura de oposición a ciertos aspectos de la enseñanza conciliar, especialmente en lo referente al ecumenismo, la libertad religiosa y la colegialidad episcopal.
Durante décadas, la relación entre la FSSPX y la Santa Sede ha sido compleja y tensa, caracterizada por una “situación canónica irregular”. A pesar de los esfuerzos del Vaticano por reintegrar a la fraternidad, incluyendo la propuesta de un estatus de prelatura personal – una figura singular que actualmente solo ostenta el Opus Dei y que habría ofrecido cierta autonomía –, la FSSPX ha rechazado consistentemente suscribir los requerimientos doctrinales mínimos exigidos por la Iglesia para una plena comunión. Las ordenaciones de obispos realizadas en el pasado por Lefebvre en 1988 sin la autorización papal ya habían provocado excomuniones automáticas, aunque estas fueron levantadas por el Papa Benedicto XVI en 2009 en un intento de buscar la reconciliación.
**El significado del cisma y la excomunión**
La declaración de cisma por parte del Dicasterio para la Doctrina de la Fe el 2 de julio de 2026 subraya la gravedad de la situación. Un cisma, en la teología católica, se refiere a la ruptura de la unidad de la Iglesia por la negativa a someterse al Pontífice Romano y a la comunión con los miembros de la Iglesia a él sujetos. Este acto implica una separación deliberada de la autoridad del Papa, el Vicario de Cristo en la Tierra.
Como consecuencia directa de este cisma, el Dicasterio advirtió que quienes se adhieran a la FSSPX y sus líderes “incurrirían *ipso facto* en la pena de excomunión *latae sententiae*”. Esto significa que la excomunión no requiere una sentencia formal de la autoridad eclesiástica, sino que se produce de forma automática por el hecho mismo de cometer la acción prohibida, en este caso, la adhesión al cisma o la participación en las ordenaciones ilegítimas. La excomunión priva al afectado de los derechos de la comunión con la Iglesia, como recibir los sacramentos.
**Un llamado a la unidad con el Papa León XIV**
En su carta, Monseñor García Siller no solo prohibió la asistencia a las actividades de la FSSPX, sino que también exhortó a los católicos de su Arquidiócesis a “abstenerse de contribuir económicamente a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X”.
Para aquellos fieles que deseen participar en la celebración de la Misa tradicional en latín, el Arzobispo ofreció una alternativa dentro de la comunión plena con la Iglesia Católica: “asistir a la Iglesia Católica Saint Timothy en San Antonio, situada en 1515 Saltillo Street, donde se celebra la misa en la forma extraordinaria todos los sábados y domingos”.
El Arzobispo de San Antonio concluyó su misiva reafirmando la centralidad de la unidad en la fe católica. “Como católicos debemos permanecer en unión con nuestro Santo Padre, el Obispo de Roma y Vicario de Cristo”, enfatizó. “Abrazar la unidad a la que Cristo nos llama significa permanecer unidos a la vid, y estar en comunión con el Papa León XIV y la jerarquía de la Iglesia Católica”. Este llamado resuena como un recordatorio fundamental de la obediencia y la fidelidad al Pontífice y a la Iglesia.








