25 junio, 2026

Caracas, Venezuela – La nación venezolana enfrenta una compleja emergencia humanitaria tras ser sacudida el 24 de junio de 2026 por una secuencia de potentes terremotos que han dejado un rastro de edificios colapsados, infraestructuras dañadas y un número aún indeterminado de víctimas mortales. Ante la magnitud de la catástrofe, la Iglesia Católica en el país, apoyada por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), ha movilizado una respuesta inmediata, extendiendo un llamado a la oración global mientras activa una red de solidaridad para asistir a los damnificados.

Los sismos, que se registraron con apenas 39 segundos de diferencia, sumieron a gran parte del país en el caos. El primero alcanzó una magnitud de 7.2 a las 18:04 (hora local), seguido casi de inmediato por uno aún más potente de magnitud 7.5. La fuerza de los movimientos telúricos se sintió con intensidad a lo largo y ancho del territorio, provocando la caída de estructuras y generando pánico entre la población. Zonas urbanas como Caracas y sus alrededores, así como vastas regiones costeras y del interior, sufrieron afectaciones significativas en viviendas, edificios públicos, iglesias y otras dependencias eclesiásticas.

En medio de la devastación, el Arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo, ha liderado las primeras acciones de evaluación y socorro. Tras recorrer personalmente varias de las áreas más golpeadas, describió a ACN un panorama desolador. “Acabo de regresar de un recorrido por varias parroquias. Muchas de ellas presentan graves daños estructurales”, afirmó el Arzobispo. Entre los templos más afectados se encuentra la emblemática Catedral de Caracas, así como al menos una decena de parroquias adicionales. Sin embargo, la interrupción generalizada de los servicios de electricidad e internet complica la labor de obtener una imagen completa de los perjuicios.

Monseñor Biord detalló algunos de los casos más críticos: “En Ñauralí se cayó el techo de la nave derecha. La iglesia y la casa parroquial de Pagüita colapsaron por completo. El párroco, afortunadamente, se salvó de milagro”. La situación es igualmente alarmante en la Diócesis de La Guaira. El Obispo de La Guaira, monseñor Pablo Modesto González Pérez, relató a ACN el estado de su jurisdicción, donde el seminario diocesano, que recibe apoyo anual de la fundación pontificia, ha sufrido daños severos.

“Estamos completamente sin luz y la afectación es generalizada. En el seminario, numerosas paredes se vinieron abajo. Nos encontramos ahora en el estacionamiento del estadio deportivo, a la espera de que los bomberos realicen una evaluación exhaustiva del edificio para determinar los pasos a seguir”, explicó Monseñor González. El obispo añadió que, si bien no se han reportado problemas graves entre el clero, varias iglesias han sufrido desperfectos considerables. “Dos edificios situados frente al seminario se desplomaron. Acabamos de regresar de Ciudad Chávez, donde ACN colaboró en la construcción de la iglesia. Allí, una comunidad de unas 20.000 personas reside en bloques de viviendas que han sufrido graves daños, aunque, gracias a Dios, no llegaron a desplomarse”, precisó.

A pesar de que no se han registrado fallecidos entre sacerdotes, diáconos, seminaristas o religiosas, monseñor Biord confirmó que los derrumbes en distintos puntos del país sí han cobrado vidas entre la población civil. El Arzobispo reflexionó sobre la posible magnitud de la tragedia: “Gracias a Dios era un día de asueto. Si hubiera sido un día laborable, con los colegios, oficinas y comercios abiertos, el número de víctimas habría sido mucho mayor”. La devastación ha dejado a miles de personas sin hogar o con temor a regresar a sus viviendas, buscando refugio en espacios seguros.

Ante este sombrío panorama, la Iglesia Católica venezolana ha reaccionado con prontitud, poniendo en marcha una extensa red de ayuda para los damnificados. “Muchas parroquias han abierto generosamente sus puertas para acoger a personas que necesitan pasar la noche en un lugar seguro. Ya hemos activado una red de solidaridad a través de las Cáritas parroquiales, que comenzará mañana las inspecciones para determinar qué templos pueden reabrirse con seguridad”, detalló monseñor Biord. Con voz de esperanza y fe, añadió: “Que Dios nos ayude y nos conceda el consuelo necesario para acompañar a nuestro pueblo en estos momentos tan difíciles”.

La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), una entidad que opera bajo el patrocinio de la Santa Sede y en línea con el pontificado del Papa León XIV, mantiene comunicación permanente con la Iglesia local. Marco Mencaglia, Director de Proyectos de ACN Internacional, enfatizó la urgencia de la situación y la prioridad de atender a los afectados. “Venezuela ha sido un país prioritario para nuestra organización durante muchos años, y en este momento crítico, la prioridad absoluta son las personas”, afirmó.

Mencaglia resaltó el papel fundamental de la Iglesia en tiempos de adversidad. “La Iglesia está haciendo lo que siempre ha hecho en momentos de crisis: abrir sus puertas, acompañar a quienes lo han perdido todo y llevar esperanza donde el miedo se ha instalado. Hacemos un llamado a todos nuestros benefactores y amigos para que apoyen a Venezuela con sus oraciones y generosidad”, expresó el representante de ACN. La labor de esta fundación pontificia, que sirve a la Iglesia universal bajo la guía del Santo Padre, subraya el compromiso continuo del Pontífice con las naciones más vulnerables y afectadas por desastres.

El Director de Proyectos de ACN advirtió que aún es prematuro determinar la “magnitud completa de los daños”. “A medida que se restablezcan las comunicaciones y avancen las inspecciones técnicas, podremos comprender mejor las necesidades específicas de la Iglesia y de las comunidades a las que sirve”, señaló. Reafirmando el compromiso de su organización, concluyó: “Por parte de ACN, estamos plenamente comprometidos a seguir acompañando a la Iglesia venezolana en estos tiempos difíciles con nuestra ayuda material y espiritual, así como con nuestras oraciones”.

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