17 junio, 2026

Buenos Aires, Argentina – Un frente común de organismos de la Iglesia católica argentina, integrado por Cáritas Nacional, el Área de Ecología Integral de la Comisión de Pastoral Social y la Comisión de Pastoral Aborigen del episcopado, ha alzado su voz enérgicamente contra el proyecto de “Ley de inviolabilidad de la propiedad privada”. A través de una carta abierta dirigida a los legisladores, titulada “La tierra: madre, hermana y bien común”, las instituciones eclesiásticas expresaron su profunda preocupación por las implicaciones de esta iniciativa legislativa, que actualmente se debate en el Senado de la Nación.

El proyecto de ley en cuestión, impulsado por el Poder Ejecutivo Nacional, se presenta como un mecanismo para eliminar supuestas restricciones que limitan el “contenido esencial del derecho de propiedad” y para robustecer la seguridad jurídica en el país. Sus propuestas incluyen modificaciones significativas en el régimen de expropiaciones, en los procesos de desalojo y reformas en leyes clave como la de tierras rurales y la de manejo del fuego. Sin embargo, para la Iglesia, estas intenciones esconden riesgos latentes que podrían socavar derechos fundamentales y el patrimonio natural del país.

En su pronunciamiento, el mensaje de la Iglesia argentina se fundamenta en principios sociales arraigados en la doctrina católica. Destacan la invocación a la encíclica “Magnifica humanitas” del papa León XIV, en la cual el Pontífice subraya el “principio del destino universal de los bienes”. Según esta enseñanza, los recursos de la tierra “han sido dados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos”, una premisa que la Iglesia considera innegociable y que debe prevalecer sobre cualquier interés particular.

La preocupación central de los organismos eclesiásticos radica en que la propuesta legislativa “atenta contra la soberanía de nuestra tierra, de nuestros alimentos, de nuestros bienes comunes y el derecho de los pueblos a autodeterminarse”. Esta afirmación encapsula la crítica a un modelo de desarrollo que, según su perspectiva, prioriza la rentabilidad económica por encima de la justicia social y la protección ambiental.

En este sentido, también recuperan la sabiduría del papa San Juan Pablo II, quien, en su magisterio, enfatizó que “no es conforme con el designio de Dios usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan solo a unos pocos”. Este recordatorio subraya la visión de la Iglesia sobre la distribución equitativa de los recursos y la responsabilidad social inherente al derecho de propiedad, principios que, a su juicio, el actual proyecto ignora o debilita.

Uno de los puntos más alarmantes señalados por la Iglesia es la flexibilización de las restricciones existentes para la adquisición de tierras por parte de personas físicas o empresas extranjeras. La eliminación de estos límites permitiría un acceso potencialmente ilimitado a territorios estratégicos, especialmente aquellos vinculados a reservas de agua y otros bienes naturales esenciales. Este escenario genera inquietud sobre la soberanía territorial y la gestión de recursos vitales para el futuro del país.

Adicionalmente, el proyecto introduce artículos que habilitarían la utilización inmediata de tierras que hayan sido afectadas por incendios. Esta medida contrasta con las regulaciones actuales que restringen tal uso, buscando preservar los ecosistemas dañados y evitar la especulación inmobiliaria sobre terrenos devastados. La Iglesia advierte que esta disposición podría acelerar la degradación ambiental y abrir puertas a prácticas insostenibles.

La misiva de las entidades católicas subraya que el proyecto de ley “debilita la potestad del Estado, en sus distintos niveles, para gestionar el uso del territorio, planificar obras públicas y proteger el interés comunitario, sobre todo a los más vulnerables, frente a intereses privados, tanto locales como extranjeros”. Esta pérdida de capacidad estatal para regular y proteger el bien común es vista como una cesión peligrosa a la lógica del mercado, despojando a las comunidades y al Estado de herramientas fundamentales para su desarrollo integral.

“La tierra no es una mercancía, ni un simple recurso económico”, sintetizan los organismos eclesiales, recalcando que “cuidar la tierra es cuidar la vida”. Para las comunidades rurales, campesinas e indígenas, la tierra trasciende su valor productivo; es “identidad, cultura, memoria y futuro”. Esta perspectiva holística es fundamental para comprender la oposición de la Iglesia a una ley que, según su interpretación, mercantiliza lo que es sagrado y vital para millones de personas.

Frente a las promesas de un crecimiento económico financiero desmedido, las comisiones eclesiales aclaran que “no es humano un desarrollo que aumenta el consumo de algunos a expensas de costos y heridas en otros, o que relega regiones enteras a roles subordinados impidiéndoles expresar sus propias potencialidades”. Subrayan, en cambio, la necesidad de un desarrollo integral que “promueva la calidad de vida en sus dimensiones espirituales, culturales, morales y relacionales, en el respeto a la Casa común, a la diversidad de los pueblos y a sus modos de vivir”.

De cara al inminente debate parlamentario, la Iglesia también destacó la importancia de garantizar el acceso a la vivienda, una necesidad primaria para numerosas familias. Instan a la creación de un marco jurídico razonable para los alquileres que sea equitativo tanto para propietarios como para inquilinos, buscando soluciones justas para una problemática social que afecta a vastos sectores de la población.

Finalmente, los organismos eclesiásticos hicieron un llamado contundente a todos los actores que intervendrán en la deliberación de este proyecto de ley. Les pidieron que “guíen sus opciones por el bien común y el futuro de las generaciones venideras, más que por intereses particulares, poniendo en práctica la nobleza de la política como máxima expresión de la caridad”. Este mensaje busca infundir en el debate legislativo una ética de servicio y responsabilidad, recordándoles a los legisladores su rol fundamental en la construcción de una sociedad más justa y sostenible.

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