26 junio, 2026

El Papa León XIV inauguró el 26 de junio de 2025 el Consistorio Extraordinario, un encuentro crucial que reúne a cerca de 130 cardenales de todo el mundo en el corazón del Vaticano. Durante dos intensos días, los purpurados debatirán los principales desafíos que afronta la Iglesia Católica en la actualidad, con el objetivo de fortalecer su misión evangelizadora y pastoral en un panorama global cada vez más complejo y cambiante.

La jornada de apertura comenzó con una solemne Misa celebrada por el Santo Padre junto al Colegio Cardenalicio. En su homilía, el Papa León XIV hizo un enérgico llamado a la unidad de la fe, a la promoción incesante de la paz y a la obediencia sincera a la Palabra viva, que es Jesucristo. El Pontífice subrayó que la fecundidad de los debates del consistorio y la eficacia de la labor de los cardenales dependen intrínsecamente de su profunda conexión con Cristo. “Él nos llama a seguirle y, al mismo tiempo, nos envía al mundo como sucesores de los apóstoles”, afirmó León. “Anunciar el Evangelio, celebrar los sacramentos y dedicarnos al rebaño del Señor se materializa y rinde frutos en la medida en que creemos en Él, el Buen Pastor”.

El Pontífice hizo un especial hincapié en que la fe, lejos de ser un hecho consumado o una posesión pasiva, es la fuerza vital de la Iglesia, y exhortó a los cardenales a implorar constantemente el don de la paz en la unidad. Con gran preocupación, León XIV se refirió a los numerosos conflictos y divisiones que “hieren gravemente a la familia humana”, pero a la vez infundió esperanza al destacar las iniciativas globales que abogan por el respeto a la dignidad inherente de cada persona y la búsqueda de la justicia en todas sus formas.

En un mensaje contundente, el Papa declaró: “La guerra nunca es digna del hombre y nunca será bendecida por Dios”. Argumentó que el Creador ha dotado a la humanidad de inteligencia y voluntad precisamente para resolver los conflictos de manera racional y pacífica, “y no como animales, aun cuando se esté dotado de armas hipertecnológicas”. Recalcó que la unidad de la familia humana no es solo un ideal altruista, sino un “principio ético fundamental” que debe guiar las acciones de todos. El Santo Padre enfatizó que la Iglesia, en su rol de anunciar el Evangelio, se mantiene imparcial en los conflictos terrenales: “Es para todos, y a cada uno dirige una misma palabra de conversión y de salvación”, reiteró, destacando la importancia del testimonio cristiano en un mundo a menudo dividido.

Continuando con su profunda reflexión, el Pontífice se refirió a la “concordia en la obediencia”, describiéndola como la escucha atenta que reconoce el don del Verbo encarnado. El Papa León XIV recordó a los presentes que el Espíritu Santo es el verdadero guía de la Iglesia, “señalándonos Él mismo los problemas y las oportunidades pastorales, purificando las intenciones y corrigiendo lo que se desvía del camino común”. En contraste con las ideologías mundanas que “se marchitan” y pierden relevancia, el Papa observó que el Espíritu Santo “hace florecer en la Iglesia la comprensión fraterna, la caridad y el impulso misionero”.

Finalmente, León invitó a los cardenales a vivir plenamente la colegialidad, un concepto que, a su juicio, “resume la sinodalidad en la que participan todos los bautizados”. Con un gesto de humildad, el Pontífice les manifestó que la “ayuda que puedan prestarme en el ejercicio del ministerio petrino encuentra en mí a quien pide, no a quien manda”. Explicó que la autoridad del primado se ejerce “de quien escucha y solo por eso guía, de quien aprende y solo por eso enseña, siempre siguiendo al único Maestro”.

Tras la Misa, el Papa León XIV pronunció el discurso de inauguración oficial del Consistorio Extraordinario, donde volvió a subrayar una de las responsabilidades más trascendentales del Colegio Cardenalicio: colaborar incansablemente al servicio de la Iglesia y apoyar al Pontífice en su compleja misión. El Santo Padre insistió en que la comunión no es un logro estático, sino una “conversión cotidiana” que se nutre de la oración constante, actitudes concretas de servicio, relaciones de confianza mutua y una genuina disposición a escucharse recíprocamente.

Exhortó a los cardenales a trascender los intereses particulares y a ser plenamente conscientes de las diversas realidades eclesiales y sociales que caracterizan el mundo contemporáneo. Este discernimiento adecuado, subrayó, es esencial para impulsar la misión de la Iglesia en todos los contextos. El Papa León XIV también expresó su particular interés en escuchar las interpretaciones y reflexiones de los cardenales sobre su reciente encíclica *Magnifica humanitas*, un documento que profundiza en la visión cristiana del ser humano.

Posteriormente, presentó las cuatro sesiones clave que estructurarán el debate durante el consistorio: la profundización de la dignidad humana y sus implicaciones, el análisis del impacto ético y social de la Inteligencia Artificial en la sociedad y la fe, la promoción activa de la paz en un mundo convulso, y la aplicación práctica y eficaz del proceso sinodal en todas las diócesis del orbe católico.

Todos estos temas, subrayó el Santo Padre, convergen en una pregunta fundamental y rectora: “¿cómo podemos ayudar hoy a nuestras Iglesias a anunciar el Evangelio con mayor fidelidad, libertad y credibilidad?”. El Papa León XIV, mostrando una profunda vulnerabilidad y confianza, les confió: “El ministerio que el Señor me ha confiado no puede vivirse en soledad. Necesito de su experiencia, de su sabiduría pastoral y de su conocimiento de las Iglesias y de los pueblos que les han sido confiados”.

Continuó su emotivo ruego: “Cuento con ustedes para que me ayuden a discernir lo que el Espíritu dice hoy a la Iglesia. Necesito su apoyo: fuerte, explícito y público. Necesito sentirme sostenido por ustedes como por hermanos”. Les pidió su ayuda para “escuchar lo que surge en las Iglesias, a reconocer los signos de esperanza que a menudo crecen en silencio, pero también a no ignorar las dificultades, las incomprensiones y las resistencias que pueden ralentizar el camino”. Finalmente, el Papa León XIV hizo un llamado a la libertad, la franqueza y la lealtad de los cardenales, recordándoles que un “consejo sincero es siempre un acto de comunión” y de servicio a la Iglesia. Concluyó agradeciéndoles “su disponibilidad, su libertad interior y su amor a la Iglesia”.

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