El Santuario Nacional de María Auxiliadora, ubicado en Stony Point, Nueva York, se prepara para un evento de gran trascendencia espiritual. El próximo domingo 9 de agosto, el santuario expondrá una reliquia de primer grado de San José Sánchez del Río, conocido afectuosamente como San Joselito, para la veneración pública de los fieles. Este mártir de la Cristiada mexicana, cuya corta vida y testimonio de fe continúan inspirando a creyentes alrededor del mundo, se convierte en el centro de una jornada de devoción.
La llegada de la reliquia, un fragmento de la clavícula del joven santo, representa una oportunidad única para la comunidad católica en la región de Nueva York de acercarse a la historia y el legado de San Joselito. Según lo detallado en la convocatoria oficial del santuario, la jornada dará inicio a las 4:00 p.m. (hora local) con una solemne procesión. Durante este recorrido, la reliquia será llevada en un acto de reverencia, seguido por el rezo del Santo Rosario, una oración fundamental en la tradición católica que precede a la celebración eucarística.
El punto culminante de la tarde será la Santa Misa dominical, que se oficiará a las 5:00 p.m. en español, un gesto significativo que resalta la diversidad cultural de la feligresía y honra las raíces mexicanas del santo. La liturgia estará acompañada por un mariachi en vivo, añadiendo un elemento cultural y festivo que promete enriquecer la experiencia espiritual de los asistentes. Tras la Eucaristía, los presentes compartirán un momento de hermandad y convivencia con un compartir de alimentos, fortaleciendo los lazos comunitarios.
El Padre Manny Gallo, SDB, director del Santuario Nacional de María Auxiliadora, compartió su profunda admiración por San José Sánchez del Río en declaraciones a The Good Newsroom, el medio digital de la Arquidiócesis de Nueva York. “San José Sánchez del Río proclamó la fe con valentía”, afirmó el Padre Gallo, destacando la firmeza del joven mártir. Prosiguió enfatizando la universalidad de su ejemplo: “Era tan joven y es una inspiración para todos, jóvenes y mayores”. La reliquia, un vínculo tangible con la vida de un santo, fue recibida por el santuario en octubre de 2025, directamente de Sahuayo, Michoacán, la ciudad natal de Joselito en México.
La veneración de reliquias es una práctica milenaria en la Iglesia Católica, enraizada en la creencia de que a través de estos objetos, el cuerpo o pertenencias de los santos, los fieles pueden sentirse más cercanos a aquellos que vivieron una vida de santidad y que ahora interceden desde el cielo. Una reliquia de primer grado, como este fragmento óseo, es considerada la más significativa por ser una parte del cuerpo del santo, y su presencia en Nueva York subraya la profunda conexión entre la historia de la fe en México y la comunidad católica estadounidense.
**La vida de San Joselito: Un testimonio de fe inquebrantable**
Para comprender la magnitud de la inspiración que representa San José Sánchez del Río, es esencial conocer su historia. Nacido el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán, Joselito creció en el seno de una familia profundamente cristiana. Su niñez transcurrió en un México convulso, marcado por la Guerra Cristera (1926-1929), un conflicto armado que enfrentó al gobierno anticlerical de la época con católicos defensores de su fe.
A pesar de su corta edad, Joselito sintió un fuerte llamado a defender su religión. Con apenas catorce años, se unió a las filas de los cristeros, los combatientes católicos, aunque no directamente como guerrillero, sino como abanderado, un rol simbólico que lo llevó a estar en medio de los acontecimientos. Su fervor y valentía lo distinguieron entre los demás.
El fatídico 6 de febrero de 1928, en medio de un combate, Joselito entregó su caballo a uno de sus compañeros, un general cristero, para ayudarlo a escapar. Este acto de altruismo y sacrificio personal le costó la libertad. Fue capturado por las tropas gubernamentales y llevado prisionero, enfrentando un destino cruel.
En la prisión, Joselito fue sometido a torturas y presiones para que renunciara a su fe, pero su convicción permaneció inquebrantable. A pesar del sufrimiento, mantuvo su esperanza y su amor por Cristo. Su calvario culminó el 10 de febrero de 1928. Fue obligado a caminar descalzo por un largo trecho, con los pies ensangrentados y lacerados, hasta el cementerio de Sahuayo.
Antes de ser ejecutado, a la edad de 14 años, Joselito envió un último mensaje a su padre, un testamento de su fe y esperanza en la vida eterna: “Nos veremos en el cielo. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!”. Estas palabras se convirtieron en el grito de muchos mártires cristeros y hoy resuenan como un símbolo de la resistencia pacífica y la defensa de la fe.
Su beatificación tuvo lugar el 20 de noviembre de 2005, y fue canonizado por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016 en la Plaza de San Pedro. La canonización por parte del Pontífice elevó a San José Sánchez del Río a los altares, reconociéndolo como un modelo universal de santidad.
La presencia de su reliquia en el Santuario Nacional de María Auxiliadora en Stony Point es un recordatorio poderoso de la fuerza de la fe, la juventud y el sacrificio. Es una invitación a la reflexión sobre el valor de las convicciones en tiempos de adversidad y un estímulo para que tanto jóvenes como adultos encuentren inspiración en la historia de San Joselito.








