18 julio, 2026

La Conferencia del Episcopado Mexicano, a través de su Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica (CEPALI), ha presentado una significativa guía de oración diseñada para invocar la paz y ofrecer consuelo a quienes sufren las consecuencias de la guerra, la violencia y cualquier atentado contra la dignidad humana. Esta iniciativa, anunciada el pasado 17 de julio, culmina en una jornada de oración especial el tercer domingo del mes, este 19 de julio, con la expectativa de movilizar a la comunidad católica en todo el país.

El documento, concebido en un contexto de creciente inseguridad en México, subraya la misión inherente de los cristianos de ser “constructores de la paz” en sus entornos cotidianos. La declaración emitida por la CEPALI resalta la urgencia de esta tarea en una nación donde la violencia ha dejado profundas cicatrices. Monseñor Víctor Sánchez Espinosa, Arzobispo de Puebla y presidente de la CEPALI, junto al P. Jonathan Arellano, secretario de la institución, enfatizaron que el servicio más valioso en este empeño es la formación de la conciencia. Esta formación busca capacitar a los fieles para discernir y desmantelar las intrigas del mal, partiendo de la premisa fundamental de que “la violencia nace en el corazón del hombre”.

La guía no solo es una llamada a la oración colectiva, sino también una herramienta pedagógica que busca reorientar la respuesta individual ante el mal. Se presenta una monición de entrada para las Misas dominicales, que alienta a los fieles a reconocer que la superación de la violencia solo es posible a través del “hábil uso de herramientas que se consiguen con la educación”. Esta educación, según el texto, permite desarrollar un “lenguaje de paz” que brota desde lo más íntimo del ser humano. “Si queremos responder al mal con la fuerza del bien, tenemos que educarnos para la paz”, señala la guía, instando a cultivar pensamientos y sentimientos de paz que se manifiesten en un lenguaje y gestos concretos de armonía. El mensaje concluye con una invocación a Cristo Jesús, el Príncipe de la Paz, para que inspire a los creyentes a ser “artesanos de paz” y “constructores de su Reino” en todos los ámbitos de su vida.

La propuesta litúrgica incluye seis peticiones específicas para la Eucaristía, que abarcan una amplia gama de necesidades y preocupaciones tanto nacionales como internacionales:

La primera petición se dirige al Pontífice, el Papa León XIV, así como a los obispos, presbíteros y diáconos. Se implora que, bajo la guía del Espíritu Santo, estos líderes religiosos motiven a la feligresía a acoger la Palabra del Evangelio y a hacerla fructificar en su vida diaria. Esta oración por el Santo Padre subraya la unidad de la Iglesia universal y el papel fundamental del Papa León y de toda la jerarquía eclesiástica en la guía espiritual de los fieles y en la promoción de la paz global.

En segundo lugar, se elevan plegarias por los gobernantes y responsables de las naciones. Se solicita a Dios que les conceda la sabiduría necesaria para que, mediante el diálogo constructivo, procuren el bien de toda la humanidad. La petición hace un llamado vehemente al cese de la guerra y la violencia, y a fomentar la unidad para trabajar incansablemente por la paz, la justicia y el respeto mutuo entre los pueblos.

La tercera petición pone el foco en las familias, consideradas el núcleo fundamental de la sociedad. Se pide que estas promuevan la paz a través del respeto, el diálogo, la empatía y la cooperación, creando así un ambiente de armonía y comprensión que irradie hacia toda la comunidad.

La cuarta intención se dedica a las personas que sufren violencia, aquellos cuyas ilusiones han sido frustradas y su dignidad pisoteada. La oración busca que el Señor inspire a los creyentes a responder activamente al clamor de auxilio de estas víctimas, brindándoles apoyo para superar el dolor y el sufrimiento que enfrentan.

La quinta petición extiende su mirada a los hermanos de Venezuela, específicamente a las víctimas de los recientes terremotos ocurridos el 24 de junio. Se ruega a Dios que los consuele y fortalezca en estos momentos de adversidad, acrecentando su esperanza para seguir adelante. Además, se invita a la comunidad a colaborar activamente para asegurar que no les falte el sustento diario.

Finalmente, la sexta y conmovedora petición es por aquellos que han perdido a un ser querido y, de manera especial, por las Madres Buscadoras. Este movimiento, conformado por mujeres que buscan incansablemente a sus hijos desaparecidos en México, representa una de las caras más dolorosas de la crisis de violencia en el país. La oración busca que la comunidad se una en consuelo y trabaje sin descanso por la construcción del Reino de Dios, un reino de justicia y verdad donde el dolor de la desaparición sea mitigado y la esperanza de encontrar a sus seres queridos, o al menos la verdad, se mantenga viva.

La guía de oración de los obispos mexicanos, con su llamado explícito a la acción y la reflexión, no es solo un acto de fe, sino también una declaración contundente sobre la responsabilidad de la Iglesia y sus fieles en la construcción de una sociedad más justa y pacífica. En un tiempo marcado por desafíos profundos, la iniciativa busca ser un faro de esperanza y un motor de cambio espiritual y social.

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