23 agosto, 2026

Por esta razón existen dos fechas diferentes en el calendario para conmemorar a Santa Rosa de Lima

Pintura de Santa Rosa de Lima en la Nunciatura del Perú | Crédito: Abel Camasca – ACI Prensa

Cada año, la figura de la primera santa de América convoca a miles de fieles en distintas partes del mundo. Sin embargo, surge una duda frecuente entre los devotos al notar que el santoral marca su festividad en dos jornadas distintas: el 23 de agosto o el 30 de agosto. Lejos de tratarse de un error administrativo o de una discrepancia sin fundamento, este desajuste responde directamente a modificaciones históricas en el calendario litúrgico y a la profunda fuerza de la tradición popular en América Latina.

El origen histórico de la festividad litúrgica

Para comprender el motivo de estas dos conmemoraciones, es necesario remontarse al siglo XVII. La religiosa peruana partió al cielo un 24 de agosto de 1617, coincidiendo exactamente con la festividad de San Bartolomé Apóstol, tal como ella misma lo había predicho antes de morir.

Cuando el papa Clemente X la canonizó formalmente en 1671, la Iglesia universal debió buscar una fecha adecuada para instituir su día en el calendario litúrgico. Siguiendo la costumbre habitual, la festividad de un santo suele coincidir con la fecha de su fallecimiento; sin embargo, el 24 de agosto ya estaba ocupado por San Bartolomé. Por esta razón, las autoridades eclesiásticas seleccionaron el espacio disponible más próximo, fijando la celebración oficial para el 30 de agosto.

Los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II

Con el paso de los siglos y tras la celebración del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica llevó a cabo una profunda revisión y reordenamiento de su calendario litúrgico. En 1969 se aprobó una nueva normativa que estableció, como regla general, que la festividad de cada santo debía conmemorarse en la fecha exacta de su tránsito terrenal.

No obstante, la norma contemplaba una excepción fundamental: las conferencias episcopales de cada región podían conservar u otorgar otra fecha si lo consideraban pastoralmente oportuno. Bajo este nuevo criterio, el calendario universal reubicó la memoria de la santa peruana para el 23 de agosto, al ser la jornada previa más cercana a su deceso que quedaba libre, puesto que el 24 seguía reservado para San Bartolomé.

La vigencia de la tradición en el Perú y el continente

A pesar de las modificaciones introducidas en el siglo XX por la normativa eclesiástica internacional, el arraigo cultural y devocional en América ya era inquebrantable. Según detalló el historiador José Antonio Benito, colaborador de la Enciclopedia Católica, en el Perú y en numerosas naciones del continente la festividad del 30 de agosto se había convertido en un pilar de la identidad religiosa local.

Debido a la fuerza de esta costumbre centenaria y a la importancia de mantener viva la memoria de la santa limeña, se optó por conservar de forma solemne el 30 de agosto como su día principal de celebración litúrgica y festiva en tierras peruanas, mientras que en otras demarcaciones eclesiásticas del mundo se adoptó la fecha del 23 de agosto conforme al calendario reformado.

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