27 marzo, 2026

Roma ha sido el epicentro de la fe católica durante el último año, culminando este martes 6 de enero de 2026 con la clausura del Jubileo de la Esperanza. Este Año Santo ha superado todas las expectativas del Vaticano, congregando a más de 33.4 millones de peregrinos de los cinco continentes. La ceremonia final, marcada por la solemnidad del cierre de la Puerta Santa, representa un hito no solo para la Iglesia, sino también para la ciudad eterna, que ha gestionado con éxito un flujo masivo de visitantes en un período de singular relevancia histórica.

La emotiva ceremonia de clausura tendrá lugar a las 9:30 de la mañana en la Basílica de San Pedro, donde Su Santidad el Papa León XIV presidirá el rito de sellado de la Puerta Santa. Este acto simbólico marca el fin de un período de gracia y peregrinación, un evento que no se repetirá hasta el año 2033 con el Jubileo de la Redención. La presencia confirmada del presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, junto a otras autoridades civiles y una nutrida congregación de fieles, subraya la trascendencia del acontecimiento. En las últimas horas de este Jubileo, el personal del Dicasterio para la Evangelización y una representación de los voluntarios, pilares organizativos del Año Santo, serán los últimos en atravesar la Puerta Santa, antes de su cierre definitivo.

El balance presentado por Mons. Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, revela una participación asombrosa de 33.475.369 peregrinos. Esta cifra rebasa significativamente las previsiones iniciales del Vaticano, que estimaban alrededor de 31.7 millones de visitantes. Fisichella calificó el Jubileo como un año “extraordinario en muchos aspectos”, enfatizando su desarrollo histórico sin precedentes: “Iniciado con el Papa Francisco, el Jubileo se concluye con el Papa León XIV”. Este hecho, explicó, puso a prueba y demostró la “complejidad de la maquinaria organizativa” de la Santa Sede. El calendario jubilar se vio entrelazado con acontecimientos de alcance global, como el funeral del Papa Francisco el 26 de abril y la subsiguiente elección de su sucesor, León XIV, el 8 de mayo. Estos eventos, lejos de obstaculizar la programación, evidenciaron la capacidad de la Iglesia para actuar con determinación y seguridad en circunstancias excepcionales.

Para gestionar y cuantificar la afluencia de fieles, el Vaticano implementó un sofisticado sistema de conteo. Las primeras estimaciones, utilizadas como guía organizativa, provenían de un estudio de la Facultad de Sociología de la Universidad Roma Tre. Sin embargo, el conteo real se basó principalmente en la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, equipada con una cámara que registraba automáticamente cada paso. Para las otras tres basílicas papales –San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros–, se aplicaron porcentajes basados en el flujo de San Pedro, complementados con conteos manuales realizados por voluntarios. Adicionalmente, la participación en grandes eventos y audiencias jubilares, así como las inscripciones en el sitio web oficial, también fueron cotejadas para obtener un registro exhaustivo.

La procedencia de los peregrinos atestigua el alcance global del Jubileo. Fieles de 185 países se dieron cita en Roma, con una distribución geográfica que destaca la preponderancia europea, que concentró el 62.63% de los participantes. Le siguieron América del Norte (16.54%), América del Sur (9.44%) y Asia (7.69%). El resto provino de Oceanía (1.14%), América Central y el Caribe (1.04%), África (0.95%) y Medio Oriente (0.46%). A nivel de países, Italia lideró con el 36.34% de los peregrinos, seguida por Estados Unidos (12.57%), España (6.23%), Brasil (4.67%), Polonia (3.69%), Alemania (3.16%), Reino Unido (2.81%), China (2.79%), México (2.37%) y Francia (2.31%). Este mosaico de nacionalidades reflejó la universalidad de la fe y el profundo deseo de millones de personas de vivir esta experiencia espiritual.

El impacto del Jubileo no se limitó al ámbito religioso. La ciudad de Roma experimentó una transformación significativa, dejando un legado duradero en infraestructuras y gobernanza, según destacó el alcalde Roberto Gualtieri. El “método Jubileo”, basado en una cooperación constante entre administraciones, permitió un alto grado de ejecución de las intervenciones urbanas previstas. De un total de 332 intervenciones, 204 ya están concluidas o parcialmente finalizadas. Las obras en las calles de Roma, por ejemplo, alcanzaron un 90% de ejecución. El presupuesto asignado por el Gobierno para el Jubileo ascendió a 1.725 millones de euros, de los cuales un 75% ya ha sido utilizado en obras concluidas o en curso. De los 117 proyectos iniciales, 110 están finalizados o en fase avanzada, lo que demuestra una eficiencia casi total en la gestión de los recursos y la planificación.

La clausura de este Jubileo de la Esperanza, que superó un crecimiento “inesperado” de peregrinos tras la elección del Papa León XIV, deja una huella imborrable en la historia de la Iglesia y en la memoria de Roma. Este Año Santo no solo reafirmó la capacidad de resiliencia y adaptación del Vaticano ante desafíos sin precedentes, sino que también consolidó a la capital italiana como un faro de espiritualidad y un modelo de gestión para eventos de magnitud global. La mirada de millones de fieles y de la comunidad internacional se dirige ahora hacia el próximo gran evento: el Jubileo de la Redención en 2033.

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