La comunidad de monjas clarisas de Belorado, en la provincia de Burgos, que se ha visto envuelta en una profunda controversia eclesiástica y declarada en cisma por la jerarquía católica en los últimos meses, enfrenta una nueva reducción en sus filas. Sor Myriam, conocida civilmente como Zaida Pinar y figura clave en la gestión del restaurante de clausura del monasterio, ha decidido acogerse a la figura canónica de “ausencia comunitaria”, citando un severo agotamiento físico, psicológico y emocional. Su partida disminuye aún más un grupo que, desde el inicio del conflicto, ha visto cómo sus miembros se reducen drásticamente.
Según ha comunicado Francisco Canals, portavoz de la comunidad cismática, la exreligiosa ha tomado esta decisión como consecuencia de la intensa presión mediática, legal y judicial que ha soportado durante meses. “Sor Myriam es una excelente cocinera clarisa, ella buscará trabajo en alguna cocina y es labor de todos buscarle un trabajo y darle una oportunidad para que tenga una vida laboralmente integrada”, manifestó Canals, quien también aclaró que esta determinación no representa un abandono de su vocación religiosa ni una ruptura con la comunidad, sino una pausa necesaria para su recuperación personal.
La salida de Sor Myriam es la última de una serie de deserciones que han mermado considerablemente a la comunidad. De las dieciséis religiosas que conformaban el Monasterio de Santa Clara de Belorado antes de que su exabadesa, Sor Isabel de la Trinidad, liderara el movimiento sedevacantista en mayo pasado, solo ocho permanecen hoy día. Esta drástica disminución pone de manifiesto la inestabilidad y las tensiones internas que han caracterizado al monasterio desde que se hizo público su conflicto con el Arzobispado de Burgos.
**Un historial de salidas y conflictos**
El proceso de fragmentación comenzó poco después de que la comunidad anunciara su decisión de abandonar la obediencia al Vaticano y adherirse a una secta sedevacantista, lo que provocó su declaración de cisma por parte de la Iglesia Católica. Una de las primeras en manifestar su desacuerdo y abandonar el convento fue Sor Amparo, quien se opuso desde el principio a las controvertidas decisiones de la superiora y se marchó a los pocos días de la publicación del manifiesto.
Posteriormente, en septiembre pasado, Sor Paz (María Teresa Roca Peinado), quien había desempeñado el rol de vicaria dentro de la comunidad y había sido una figura prominente en el inicio del movimiento cismático, también optó por dejar Belorado debido a desavenencias con la exabadesa. Su salida, a pesar de su anterior implicación, evidenció las profundas divisiones internas. No se ha tenido constancia de su reintegración en la vida religiosa católica.
Otro episodio crítico en esta saga ocurrió el pasado 18 de diciembre, cuando cinco hermanas mayores del convento, algunas de ellas centenarias y con delicada salud, fueron trasladadas del Monasterio de Orduña, donde habían sido reubicadas por la comunidad cismática, a otros conventos de clarisas tras pasar por atención hospitalaria. Este traslado, efectuado tras varios intentos fallidos, garantizó que estas religiosas pudieran pasar las festividades navideñas en un entorno de mayor estabilidad y bajo la tutela de la Iglesia, alejado del conflicto.
**El futuro del restaurante y la vida laboral de Sor Myriam**
Sor Myriam, quien ingresó al convento a los dieciocho años y contaba con veintitrés años de vida religiosa, era la encargada de dirigir los fogones del “restaurante de clausura” Santa María del Chicu, situado en Arriondas (Asturias). Este establecimiento, inaugurado por la comunidad en marzo, era una iniciativa para generar ingresos, y Sor Myriam desempeñaba un papel fundamental en su funcionamiento.
El restaurante había anunciado su cierre temporal por vacaciones el 23 de diciembre a través de su cuenta de Instagram, con una promesa de reapertura “con novedades” para los próximos días, según una publicación del 8 de enero. Sin embargo, la partida de Sor Myriam pone en duda estas “novedades” y la propia viabilidad del negocio. Cabe recordar que la madre y una hermana de Sor Myriam se habían desplazado a Arriondas para colaborar en la atención de las mesas, dado que las monjas se mantenían en la cocina, lo que subraya la estrecha relación familiar y personal con el proyecto. La comunidad busca ahora apoyar a Sor Myriam en su transición a una vida laboral externa, lo que abre interrogantes sobre el futuro del restaurante.
**La amenaza inminente del desalojo**
Además de las tensiones internas y las salidas de sus miembros, las exclarisas de Belorado enfrentan un inminente proceso legal. Están a la espera de la ejecución de una orden de desahucio dictada por el Tribunal de Instancia de Briviesca (Sección Civil y de Instrucción, Plaza Nº 1), que estaba fijada provisionalmente para el próximo 10 de febrero.
No obstante, el portavoz de las excomulgadas ha señalado a medios de comunicación que aún no les ha llegado la notificación oficial de dicha orden. Canals ha afirmado que, una vez recibida la notificación, dispondrán de un plazo de treinta días para abandonar el monasterio, lo que podría retrasar la salida del colectivo de Belorado más allá de la fecha inicialmente prevista.
La situación del Monasterio de Santa Clara de Belorado sigue siendo compleja y volátil. Con la comunidad reducida a la mitad, su restaurante en el limbo y una orden de desalojo pendiente, el futuro de las exclarisas y su asentamiento en el histórico monasterio se presenta más incierto que nunca, en un conflicto que continúa captando la atención tanto eclesiástica como pública.






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