26 marzo, 2026

La Compañía de Santa Teresa de Jesús, conocida coloquialmente como las Teresianas, ha dado inicio formal a los actos conmemorativos por su 150º aniversario. Una solemne Eucaristía, celebrada en la Basílica del Pilar de Zaragoza, España, marcó el pistoletazo de salida para un año de profunda reflexión y renovación para esta influyente institución religiosa apostólica, cuya misión educativa ha trascendido fronteras y generaciones. Este jubileo busca honrar su vasta herencia, cimentada en la visión pionera de su fundador, el sacerdote español San Enrique de Ossó.

La historia de las Teresianas se remonta a una noche de profundo “desvelo” vivida por San Enrique de Ossó el 2 de abril de 1876. Inspirado por esta experiencia espiritual, concibió una congregación dedicada a la regeneración de la sociedad a través de la educación, tomando como guía la figura y la profunda espiritualidad de Santa Teresa de Jesús. Poco menos de tres meses después de aquella noche fundacional, en la solemnidad del Sagrado Corazón, nueve jóvenes mujeres hicieron su compromiso inicial, sentando las bases de lo que se convertiría en un vasto movimiento pedagógico y espiritual. Su primer colegio abrió sus puertas en 1877, marcando el inicio de una trayectoria ininterrumpida dedicada a la formación integral de miles de personas.

Desde sus humildes comienzos en España, la Compañía de Santa Teresa de Jesús ha experimentado un crecimiento exponencial, consolidándose como un instituto religioso apostólico de derecho pontificio con una presencia global significativa. Actualmente, las Teresianas operan en más de 20 países distribuidos estratégicamente a lo largo de América, Europa y África. Su red educativa es impresionante y abarcadora: gestionan 83 colegios, la mayoría de ellos situados en la América hispana, y han sido el hogar formativo para más de 64.000 alumnos a lo largo de su centenaria existencia. Esta extensa labor es posible gracias a la estrecha colaboración de casi 7.000 laicos, quienes comparten el carisma teresiano y contribuyen activamente a la misión educativa y evangelizadora de la Compañía.

La Eucaristía de apertura del pasado 27 de enero en la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Pilar fue un momento de profunda emoción y simbolismo para toda la familia teresiana. Presidida por el Arzobispo de Zaragoza, Mons. Carlos Escribano, la ceremonia contó con la participación activa de la coordinadora general de la Compañía, la hermana Ángela Cuadra. En sus palabras inaugurales, la hermana Cuadra destacó que este significativo aniversario es una oportunidad privilegiada para celebrar “una historia tejida por el Espíritu con la diversidad de tantos hilos de entrega, servicio, audacia evangélica y fidelidad”. Hizo hincapié en que este jubileo no es solo una mirada al pasado, sino que representa un “nuevo comienzo”, una invitación a retornar al “amor primero” y a “recrear el sueño de Enrique de Ossó”. Con un llamado a la renovación espiritual y apostólica, instó a la familia teresiana a escuchar con “nuevo ardor la llamada a seguir ‘enteresianando’ el mundo allí donde la vida nos ha sido confiada y donde está más amenazada”, subrayando la relevancia continua de su carisma en los desafíos contemporáneos.

El lema escogido para guiar las celebraciones de este 150 aniversario resuena con una urgencia inspirada en las propias palabras del fundador: “El tiempo urge y apremian las circunstancias”. Esta frase, evocando la prontitud y generosidad de San Enrique de Ossó, encapsula el espíritu con el que las Teresianas buscan afrontar los desafíos del presente con una profunda audacia evangélica. Según lo expresado por la hermana Cuadra en un comunicado oficial, a través de este lema, la Compañía aspira a responder “a los desafíos actuales con audacia evangélica, prontitud y generosidad”. El simbolismo del aniversario también se extiende al logo conmemorativo, el cual representa una urdimbre de hilos entrelazados. Esta imagen visualmente potente simboliza la rica historia tejida por las incontables personas —religiosas, laicos, alumnos y colaboradores— que han formado parte de la institución a lo largo de sus 150 años. Además, el diseño deja intencionalmente un “espacio para los hilos que vendrán y que seguirán entrelazándose de forma creativa y novedosa”, mirando hacia un futuro de continuidad, adaptación y expansión de su carisma.

El programa conmemorativo se ha estructurado en tres etapas distintivas, cada una con un enfoque particular y significativo: “Inspiración”, “Sentido” y “Esperanza”. La primera fase, denominada “Inspiración”, se extenderá hasta el 2 de abril, fecha que marca el “día de la inspiración” fundacional de San Enrique de Ossó. Durante este periodo, la comunidad se enfocará en hacer memoria profunda y reflexionar sobre el camino recorrido y el valioso legado recibido. La segunda etapa, “Sentido”, buscará fortalecer la identidad y el sentido de pertenencia entre todos los miembros de la familia teresiana, tanto consagradas como laicos, en un esfuerzo por renovar su compromiso. Un punto culminante de esta fase será un encuentro internacional programado para el 20 y 21 de junio de 2026. Este magno evento incluirá la solemne consagración de la institución a la Virgen de Montserrat, un peregrinaje por los lugares de origen de su misión apostólica en Tortosa y una profunda deliberación sobre cómo fomentar el nacimiento de nuevas obras teresianas en el futuro. Finalmente, la tercera etapa, “Esperanza”, estará dedicada exclusivamente a proyectar esa visión de futuro, abordando con determinación los retos y oportunidades para seguir extendiendo el carisma teresiano en un mundo en constante cambio.

Complementando el programa anual, las Teresianas mantendrán una práctica espiritual especial y recurrente: cada día 15 de mes, compartirán una oración particular. Esta iniciativa honra la intuición de su fundador, quien promovía dedicar este día a la oración, la reflexión profunda y la entrega confiada de la vida a Dios. Al cumplir 150 años de dedicación ininterrumpida, la Compañía de Santa Teresa de Jesús no solo celebra un pasado fructífero y un legado educativo extraordinario, sino que se reafirma con vigor en su compromiso con una educación transformadora y una misión evangélica que sigue “enteresianando” el mundo, buscando responder con vitalidad y audacia a los signos de los tiempos actuales.

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