Culiacán, Sinaloa – El obispo de Culiacán, Mons. Jesús Herrera Quiñónez, ha expresado su profunda consternación y dolor tras el ataque armado que sufrieron el pasado 28 de enero los diputados estatales Sergio Torres Félix y Elizabeth Montoya Ojeda, así como uno de sus escoltas. Este grave incidente ha vuelto a poner de manifiesto la crítica situación de seguridad que enfrenta el estado de Sinaloa y ha provocado una enérgica reacción por parte de la jerarquía eclesiástica, que insta a la sociedad y a las autoridades a no claudicar ante la violencia.
En un comunicado emitido el mismo día de la agresión, Mons. Herrera Quiñónez manifestó su solidaridad y la de la comunidad católica con los legisladores y su equipo, elevando plegarias por su vida, salud y pronta recuperación. La Iglesia de Culiacán se une en oración por el restablecimiento de los funcionarios públicos, quienes continúan en proceso de recuperación, buscando ofrecer consuelo en un momento de incertidumbre y angustia para las víctimas y sus familias.
Los hechos, según reportes del medio local *El Debate*, ocurrieron al mediodía cuando los diputados, ambos militantes del partido Movimiento Ciudadano (MC), abandonaban las instalaciones del Palacio Legislativo. Se dirigían a las oficinas estatales de su partido cuando fueron interceptados por un vehículo desde el cual individuos armados abrieron fuego contra ellos. La agresión dejó a los tres ocupantes del vehículo oficial heridos.
La última actualización médica sobre el estado de salud de los diputados indica que Sergio Torres Félix se encuentra en condición grave, intubado y bajo observación en la unidad de terapia intensiva. Por su parte, la legisladora Elizabeth Montoya Ojeda ha sido reportada fuera de peligro, aunque su recuperación física y emocional es un proceso en curso. Hasta la fecha, las autoridades no han logrado determinar el móvil de este atentado ni han capturado a los responsables, lo que añade una capa de incertidumbre y preocupación a la ya tensa atmósfera en la región.
**Contexto de Violencia Generalizada en Sinaloa**
Este ataque no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un escenario de recrudecida violencia que asola Sinaloa desde septiembre de 2024. Este periodo ha estado marcado por una intensa guerra territorial entre facciones rivales del Cártel de Sinaloa: “Los Chapitos” y “La Mayiza”. Estos grupos, surgidos tras la captura de sus antiguos líderes, Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, se disputan ferozmente el control de rutas de tráfico, territorios estratégicos y diversas actividades ilícitas que han sumido al estado en una espiral de inseguridad.
Desde el inicio de esta escalada, la entidad se ha convertido en un epicentro de agresiones armadas, asesinatos, extorsiones y robos. La población vive bajo una constante amenaza, y las estadísticas oficiales pintan un panorama desolador. De acuerdo con datos proporcionados por la Fiscalía del Estado de Sinaloa, el periodo comprendido entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025 registra un alarmante total de 2,389 homicidios dolosos, 5,083 casos de lesiones dolosas y 4,500 vehículos robados. Estas cifras reflejan el profundo deterioro del tejido social y la urgente necesidad de acciones contundentes para restaurar la paz.
**Un Llamado a la Esperanza y a la Acción**
Frente a esta crítica situación, Mons. Herrera Quiñónez alzó su voz para condenar “toda forma de violencia que atenta contra la dignidad de la persona humana y que sigue lastimando gravemente el tejido social de nuestra ciudad y de nuestro estado”. El obispo enfatizó que la violencia es una afrenta directa a los valores fundamentales de la sociedad y un obstáculo para el desarrollo integral de la comunidad.
Dirigiéndose a las autoridades, el prelado realizó un vehemente llamado para que “no dejen de buscar la verdad con responsabilidad, transparencia y apego a la justicia”. Asimismo, exigió que “se redoblen los esfuerzos en la construcción de condiciones reales de seguridad, paz y legalidad para todos”, subrayando la importancia de que el gobierno garantice la protección de sus ciudadanos y fomente un ambiente de respeto a la ley.
Reconociendo el profundo impacto emocional en la población, Mons. Herrera Quiñónez señaló que el pueblo “vive con preocupación y dolor la repetición de hechos violentos que generan miedo, desconfianza y sufrimiento”. En este contexto de desasosiego, exhortó a la sociedad en su conjunto a “no dejarse vencer por la desesperanza ni por la cultura de la violencia”. Su mensaje busca infundir fortaleza y resiliencia en una comunidad golpeada, recordándoles que la indiferencia no es una opción.
“Como Iglesia y sociedad, no podemos acostumbrarnos a la violencia ni permanecer indiferentes ante el derramamiento de sangre y el desprecio por la vida humana”, sentenció el obispo, instando a una reflexión colectiva sobre la banalización de la violencia. Finalmente, reiteró el compromiso pastoral de la diócesis de acompañar a “las víctimas, de alzar la voz en favor de la vida y de trabajar incansablemente por una cultura de paz”, extendiendo una invitación a todos los fieles para sumarse activamente a esta causa.
Mons. Herrera Quiñónez concluyó su mensaje elevando sus oraciones y confiando el fin de la violencia en la región a Cristo, pidiendo “que nos alcance la gracia de la conversión del corazón y el don de la paz verdadera”. Este llamado espiritual se erige como un faro de esperanza en medio de la oscuridad, buscando movilizar la fe y la acción de la comunidad para construir un futuro de mayor seguridad y armonía en Sinaloa.









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