El pasado jueves 29 de enero de 2015, los obispos de Perú vivieron un momento de profunda cercanía y sorpresa durante su visita *ad limina* en Roma. El Papa León XIV se unió a ellos para compartir un almuerzo, una ocasión que fue descrita como “agradabilísima” y cargada de calidez, reforzando los lazos entre la Sede Apostólica y la Iglesia peruana.
La visita *ad limina apostolorum* —traducida como “a los umbrales de los apóstoles”— es una obligación que los obispos de la Iglesia Católica deben cumplir periódicamente, generalmente cada cinco años. Durante este encuentro en la Ciudad Eterna, los prelados tienen la oportunidad de informar al Santo Padre sobre la situación de sus respectivas diócesis, abordar desafíos pastorales y fortalecer la comunión con el Sucesor de Pedro. Es una tradición que data de los primeros siglos del cristianismo, simbolizando la unidad y obediencia de la Iglesia universal a la cabeza visible. Los obispos peruanos habían iniciado su intensa agenda en Roma el lunes 26 de enero de 2015, con una serie de reuniones y celebraciones litúrgicas que reflejan el propósito de su peregrinación.
En medio de este apretado calendario, la noticia de que el Pontífice se uniría a ellos para almorzar causó un revuelo de alegría y emoción. El Padre Guillermo Inca Pereda, secretario general adjunto del episcopado peruano y recientemente distinguido como Capellán de Su Santidad, compartió la grata sorpresa desde la capital italiana. En sus declaraciones, el Padre Inca subrayó la “sencillez y cariño” con los que el Papa se acercó a los obispos, destacando el profundo conocimiento que Su Santidad posee sobre la realidad peruana. “Ha sido una ocasión muy bonita con la cercanía del Papa y su conocimiento del país”, afirmó el sacerdote, quien también forma parte del Obispado Castrense del Perú.
El almuerzo se llevó a cabo en la sede del Instituto María Bambina, un lugar significativo ubicado estratégicamente junto a la curia general de los agustinos y muy próximo a la Ciudad del Vaticano. La participación de todos los obispos de la delegación peruana en esta comida espontánea resaltó la importancia del encuentro. Muchos de ellos, al recibir la confirmación de la visita papal, tuvieron que reorganizar sus agendas y posponer otras reuniones, incluso algunas de alto nivel como la programada con el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, figura clave en la diplomacia pontificia y la administración de la Santa Sede. El Padre Inca describió la situación como un “bonito alboroto”, una muestra de la alegría que invadió a la delegación.
Entre los momentos más emotivos del almuerzo, se destacó la interacción entre el Papa León XIV y Monseñor Salvador Piñeiro, Arzobispo de Ayacucho. Monseñor Piñeiro no solo fue uno de los prelados que consagró a León XIV como obispo en diciembre de 2014 en Chiclayo, Perú, sino que además tuvo la oportunidad de compartir con el Santo Padre la alegría de haber celebrado su 77 cumpleaños el 27 de enero, también en Roma. Este detalle personal añadió una capa adicional de cercanía y familiaridad al encuentro, evocando recuerdos de la etapa del Pontífice en Perú.
Un gesto de humildad y aprecio que conmovió a los presentes fue cuando el Papa León XIV, con su característica cercanía, saludó personalmente a la religiosa responsable de la cocina. El Padre Inca enfatizó que le pareció “justo que pudiera saludar al Santo Padre”, reconociendo así el valioso servicio de quienes trabajan detrás de escena. Este gesto del Santo Padre subraya su constante atención a todas las personas, independientemente de su rol, y su capacidad para crear un ambiente de verdadera comunidad.
La visita *ad limina* de los obispos peruanos continuaría con una agenda que incluía otro encuentro formal con el Papa León XIV. Esta serie de reuniones permite un diálogo franco y constructivo sobre los desafíos y esperanzas de la Iglesia en Perú, un país de profunda fe católica.
La intensa semana de la delegación peruana en Roma estaba programada para concluir con una ceremonia de gran relevancia cultural y religiosa en los Jardines Vaticanos. En este emblemático espacio, se llevaría a cabo la entronización de una imagen de Santa Rosa de Lima, la primera santa de América, venerada con fervor tanto en Perú como en el resto del continente. Junto a ella, se colocaría un mosaico que representa varias advocaciones marianas que gozan de gran devoción en el país andino, como la Virgen de la Merced, la Virgen del Carmen, o la Inmaculada Concepción. Este acto final no solo honra la rica tradición mariana y la herencia de santidad del Perú, sino que también refuerza los lazos espirituales y culturales entre la nación sudamericana y el corazón de la Iglesia universal.
Este almuerzo inesperado, cargado de espontaneidad y afecto, se convirtió en un capítulo memorable dentro de la visita *ad limina* de los obispos peruanos, simbolizando la unidad, el diálogo y el profundo cariño que el Papa León XIV profesa por la Iglesia y el pueblo de Perú.






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