12 marzo, 2026

Huelva, España – En un emotivo acto de fe y recuerdo, el pasado 29 de enero, la ciudad de Huelva acogió una masiva Eucaristía en sufragio por las 45 almas perdidas en la reciente tragedia ferroviaria de Adamuz, en la provincia de Córdoba. La ceremonia, celebrada en el pabellón deportivo Carolina Marín para dar cabida a la multitud, se convirtió en un potente escenario para el luto, la esperanza y la exigencia de justicia, contando con la distinguida presencia de los Reyes de España.

Presidida por Mons. Santiago Gómez Sierra, Obispo de Huelva, la misa concelebrada reunió a destacadas figuras eclesiásticas, incluyendo a Mons. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española; Mons. José Vilaplana, Obispo Emérito de Huelva; Mons. Jesús Fernández, Obispo de Córdoba; y más de un centenar de sacerdotes, entre ellos Rafael Prados, párroco de Adamuz. Un vasto número de familiares de las víctimas, la mayoría originarias de Huelva, se congregaron para honrar a sus seres queridos. Destacó la escasa representación de las autoridades públicas, un detalle que no pasó desapercibido entre los asistentes.

**La Voz de las Familias: Fe y Demanda de Transparencia**

Uno de los momentos más conmovedores del funeral fue la lectura de un mensaje por parte de Liliana y Fidel Sáenz, hijos de Natividad de la Torre, una de las víctimas del siniestro. Su intervención se transformó en un manifiesto cargado de profunda fe y un reclamo explícito. Subrayaron que las exequias católicas eran “el único adiós” que sentían apropiado, en una clara alusión al acto gubernamental inicialmente propuesto y posteriormente cancelado ante la negativa de las familias.

“La única presidencia que anhelamos a nuestro lado es la del Dios que hoy se ha manifestado aquí, en el pan y el vino, bajo la mirada protectora de su Madre”, afirmó Liliana Sáenz. Con profunda convicción, enfatizó el arraigo mariano de Huelva y el espíritu creyente de Andalucía, donde “es abrazando su cruz donde hallamos mayor consuelo”.

En un pasaje dedicado al agradecimiento, Liliana Sáenz reconoció la invaluable ayuda brindada a los pasajeros del tren en el instante de la catástrofe y el apoyo posterior a heridos y allegados. Destacó la entrega de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Cruz Roja y el personal sanitario. También valoró la labor de las instituciones que “se volcaron desde el primer minuto, sorteando el caos y los embates de nuestra propia angustia”, aunque no dudó en señalar “la lentitud en la comunicación de información, pues, creedme, es preferible saber que imaginar”.

**Del Dolor a la Memoria, y el Compromiso con la Verdad**

Liliana Sáenz compartió cómo el tiempo, aunque no cura, comienza a transformar el dolor en recuerdos, permitiendo “pequeñas y tímidas sonrisas” entre la tristeza. Rememoró una tierna anécdota de su infancia con su madre, Natividad, quien le enseñó que sus ganancias “no eran suyas, sino de los demás”, una filosofía de vida que Natividad practicaba hasta el último instante, encontrando la muerte mientras rezaba con un rosario.

“Lo que perdimos ese fatídico domingo 18 de enero no fue meramente una estadística”, expresó Liliana, sino personas únicas con sus virtudes, sueños, silencios y esperanzas: padres, madres, hermanos, hijos y nietos. Remarcó que sus familias han aprendido “con demasiada crueldad que la llamada no hecha se queda sin hacer, y el beso no dado es el que más se añora”.

Con firmeza, Liliana Sáenz proclamó: “Somos las 45 familias que lucharán incansablemente por desvelar la verdad. Solo la verdad podrá comenzar a sanar esta herida que jamás cerrará. Conocemos la verdad. Lucharemos para que nunca más haya otro tren en estas condiciones. Pero lo haremos desde la serenidad, desde el sosiego, desde la paz que nos da saber que en los brazos de la Virgen ahora descansan y el regazo de una madre amorosa los mece”.

En una emotiva letanía, Liliana invocó a la Virgen María bajo diversas advocaciones vinculadas a los lugares de origen de las víctimas –Virgen de la Cinta, de la Bella, de la Peña, Madre de la Almudena, entre otras–, pidiendo consuelo y expresando la promesa de que, a pesar del dolor, el odio no germinará. El discurso concluyó con la esperanza de un reencuentro en la divinidad: “Con fe aguardaremos el momento en que Dios nos abrace y volvamos a vernos. Descansen en paz”.

**El Mensaje de la Iglesia: Consuelo, Esperanza y Compromiso Social**

Al inicio de la ceremonia, Mons. Argüello transmitió a los presentes “el saludo del Papa León XIV, quien solicita expresamente hacerles llegar su cercanía, su palabra —ahora en silencio— de consuelo y esperanza”, extendiendo este mensaje en nombre de toda la Iglesia española.

Durante su homilía, Mons. Santiago Gómez Sierra centró su reflexión en el pasaje evangélico de la Pasión de Cristo, destacando la exclamación de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Esta frase, explicó el obispo, resuena como la voz de cada ser humano ante la pérdida inesperada y el vacío de la muerte. Sin embargo, enfatizó que el relato “no culmina con la muerte de Jesús”, sino con el anuncio de la Resurrección, infundiendo la creencia de que las víctimas no se han perdido en la “sinrazón de una muerte súbita”, sino que “sus vidas, sus nombres y sus historias están ahora y para siempre en las manos del Dios de la vida”.

Mons. Gómez también dedicó palabras de reconocimiento a quienes prestaron ayuda a las víctimas y extendió un llamamiento a un compromiso más amplio con sus familias. “Acompañarlas en su proceso de duelo y mitigar las consecuencias del daño sufrido será una labor prolongada y exigente para todos. Implica a la sociedad en su conjunto y, de manera particular, a quienes ostentan responsabilidades públicas”, afirmó. Por ello, concluyó, “es imperativo esclarecer la verdad de los acontecimientos y actuar con justicia, para que su sacrificio no caiga en el olvido y para que, en la medida de lo posible, se eviten futuras tragedias similares”.

Este funeral no solo fue un adiós solemne, sino también un firme recordatorio de la necesidad de verdad, justicia y el apoyo inquebrantable a las familias afectadas por la tragedia de Adamuz, un evento que ha marcado profundamente a la sociedad española.

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