12 marzo, 2026

La Diócesis de Green Bay, Wisconsin, ha dado un paso trascendental en el camino hacia la santidad al abrir oficialmente la causa de beatificación de Adele Brice, una inmigrante belga cuya vida de profunda fe y dedicación culminó en las únicas apariciones marianas aprobadas por la Iglesia Católica en Estados Unidos. El Obispo David Ricken promulgó el decreto que inicia este proceso el pasado 30 de enero, en una ceremonia de vísperas celebrada en la Catedral de San Francisco Javier en Green Bay, marcando un hito significativo para la Iglesia estadounidense.

Adele Brice (1831-1896) personifica la perseverancia y la fe inquebrantable frente a la adversidad. Nacida en Bélgica, sintió desde niña una vocación a la vida religiosa, un anhelo que, aunque nunca la llevó a una consagración formal, moldeó profundamente su existencia. A sus veintitantos años, emigró a Estados Unidos junto a su familia, una decisión que, si bien no fue enteramente suya, aceptó por respeto a sus padres, siguiendo el consejo de su párroco. Este acto de obediencia marcó el inicio de su extraordinario apostolado en las zonas rurales de Wisconsin.

A pesar de no saber leer ni escribir y de sufrir ceguera en un ojo a causa de una lesión infantil, Brice demostró una fe formidable. El padre John Girotti, vicario general de la Diócesis de Green Bay, destacó su capacidad para “mover montañas”, afirmando que su vida es un testimonio de estar “abierta a la voluntad de Dios”. Su travesía como inmigrante, sumada a sus limitaciones físicas y educativas, hace que su historia resuene con especial fuerza como un ejemplo de resiliencia y devoción.

El punto de inflexión en la vida de Adele Brice llegó en octubre de 1859, cuando experimentó tres apariciones de la Santísima Virgen María cerca de Champion, Wisconsin. En estos encuentros, la Virgen le encomendó una misión clara: “reúne a los niños en este país salvaje y enséñales lo que deben saber para la salvación”. Brice asumió esta vocación con absoluta entrega, dedicando el resto de su vida a la catequesis, recorriendo a pie vastas distancias para enseñar la fe católica a niños y familias. Aunque usaba un hábito, nunca fue una religiosa consagrada, lo que subraya su singularidad como laica que vivió una vida de heroica virtud.

El padre Girotti describió la transformación de Brice tras las apariciones: “Desde el momento en que experimentó que la Santísima Virgen María le hablaba, su vida se transformó y se fue de inmediato y, por el resto de su vida, se dedicó a enseñar a los niños, a cuidar de ellos, a predicar el Evangelio sin descanso, a menudo en medio de gran pobreza, con frío, con hambre, con carencias, pero con una fe enorme”. Su incansable labor sentó las bases de lo que hoy es el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Champion, un lugar de peregrinación que recibe a más de 200,000 visitantes al año, según el padre Anthony Stephens, rector del santuario.

El santuario no solo es un lugar de oración, sino también un testimonio vivo de la intercesión de Brice. Una de las historias más conocidas es la milagrosa protección de la capilla y la escuela de un devastador incendio forestal en 1871. Mientras las llamas se aproximaban peligrosamente, Brice y la comunidad rezaron y recorrieron el perímetro de la propiedad. El fuego, de forma inexplicable, rodeó la capilla y la escuela sin dañarlas, y la lluvia llegó a la mañana siguiente. El padre Stephens relata también numerosas “pequeñas curaciones físicas” y “curaciones morales”, incluyendo la sanación de una mujer tras 15 años de dolorosas migrañas, atribuidas a la intercesión de Nuestra Señora de Champion.

La apertura de la causa de beatificación de Adele Brice tiene una relevancia especial para la Iglesia Católica en Estados Unidos, particularmente al acercarse el 250º aniversario de la nación. El padre Stephens expresó su entusiasmo por la posibilidad de que una “sierva de Dios estadounidense” sea elevada a los altares, destacando cómo la identidad católica y la identidad estadounidense pueden entrelazarse armoniasamente. “Una de nuestras compatriotas sea reconocida como alguien que amó a Dios radicalmente y trató de vivir la virtud heroica”, afirmó, invitando a imitar su ejemplo.

El Obispo Ricken comparte esta visión, expresando su esperanza de que la causa de Brice sea parte de un movimiento más amplio para descubrir y promover más santos estadounidenses. Recordó que el Papa Benedicto XVI había animado a la Iglesia en Estados Unidos a investigar causas de santidad. “Sabíamos que debía haber santos aquí, pero como Iglesia en Estados Unidos no habíamos tomado la iniciativa de emprender realmente esta aventura”, comentó Ricken, sugiriendo que Adele Brice podría ser la vanguardia de este reconocimiento.

El evento de oración que anunció oficialmente la apertura de la causa de beatificación atrajo a numerosas familias jóvenes, un detalle que el Obispo Ricken encontró “extraordinario”, dada la dedicación total de Adele a los niños. La visión de la Santísima Virgen que la impulsó a enseñar la fe sigue resonando y atrayendo a nuevas generaciones, demostrando la perdurable influencia de esta humilde pero extraordinaria mujer de fe. La historia de Adele Brice no solo inspira a la comunidad de Green Bay, sino que también ofrece un faro de esperanza y devoción para toda la Iglesia, reafirmando que la santidad es alcanzable en la vida cotidiana y en medio de los desafíos más grandes.

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