18 marzo, 2026

Mientras la fecha del 5 de febrero se perfilaba como un punto de inflexión crucial para la seguridad global, prominentes líderes de la Iglesia Católica elevaron su voz, haciendo un enérgico llamado a la acción diplomática internacional. La inminente expiración del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START), que regulaba los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia, generó profunda preocupación en el Vaticano y entre los obispos estadounidenses, quienes instaron a renovar los esfuerzos de diálogo para salvaguardar la estabilidad nuclear global y mitigar el riesgo de una escalada armamentística.

El arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), fue una de las voces que se pronunciaron con mayor vehemencia. En un comunicado emitido el 3 de febrero, Coakley subrayó la gravedad de la situación, afirmando que “los peligros que plantean los conflictos actuales en todo el mundo, incluida la devastadora guerra en Ucrania, hacen que la inminente expiración de New START sea simplemente inaceptable”. Desde Washington D.C., el líder de la USCCB exhortó a los responsables de la formulación de políticas a “emprender con valentía negociaciones diplomáticas” no solo para mantener las limitaciones establecidas por el Tratado New START, sino también para explorar nuevas vías hacia un desarme más amplio.

Coakley enfatizó la necesidad de superar los estancamientos diplomáticos, por serios que parezcan los desacuerdos internacionales. “Lejos de ser excusas para la inacción, estos desafíos deberían impulsarnos a buscar con mayor ahínco un compromiso y un diálogo efectivos”, puntualizó. Adicionalmente, el arzobispo extendió una invitación a todas las personas de fe y “hombres y mujeres de buena voluntad” a unirse en oración ferviente, implorando la sabiduría y el valor necesarios para que la comunidad internacional pueda forjar una “paz auténtica, transformadora y duradera”. Concluyó su mensaje invocando la guía del “Príncipe de la Paz” para iluminar corazones y mentes en la búsqueda de la fraternidad universal.

El Tratado New START, firmado en 2010 por el entonces presidente estadounidense Barack Obama y su homólogo ruso Dmitry Medvedev, representó el último gran pacto bilateral de control de armas nucleares entre las dos potencias. Su objetivo principal era reforzar la seguridad nacional de Estados Unidos mediante la imposición de límites verificables a las armas nucleares intercontinentales desplegadas por Rusia. Este acuerdo ha sido fundamental para mantener una cierta predictibilidad y transparencia en el panorama nuclear global, estableciendo techos en el número de ojivas nucleares y misiles balísticos desplegados, así como submarinos con capacidad nuclear. Su vencimiento sin una prórroga o un nuevo acuerdo plantea la posibilidad de un retorno a la competencia armamentística sin restricciones, generando incertidumbre y elevando el riesgo de errores de cálculo.

Desde la Santa Sede, el Papa León XIV también se sumó a las voces de advertencia sobre las consecuencias de dejar expirar el tratado sin un sucesor creíble. En su discurso anual al cuerpo diplomático, el Sumo Pontífice destacó la “necesidad de dar seguimiento al Tratado New START” y expresó una seria preocupación por la posibilidad de una “nueva carrera armamentística”, un escenario que podría intensificarse con la incorporación de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial, en el desarrollo de armamento.

Esta preocupación fue reiterada por el Papa León XIV durante su audiencia general, en la víspera de la fecha de expiración del acuerdo. Señaló que el Tratado New START había sido un pilar para la contención de los arsenales nucleares y un elemento vital para el fortalecimiento de la seguridad internacional. Hizo un llamado explícito a los líderes mundiales para que no permitieran que el tratado finalizara sin una “alternativa creíble y efectiva”, instándolos a “todo esfuerzo constructivo en favor del desarme y la confianza mutua”.

El Pontífice enfatizó la imperiosa necesidad de abandonar “la lógica del miedo y la desconfianza” que a menudo rige las relaciones internacionales. En su lugar, abogó por la adopción de “una ética compartida capaz de orientar las decisiones hacia el bien común y hacer de la paz un patrimonio custodiado por todos”. En un momento en que el diálogo parece estancado en diversas partes del mundo, el Papa León XIV reiteró que la cooperación y la búsqueda de soluciones pacíficas son el único camino sostenible. Durante la misma audiencia, el Santo Padre también renovó su urgente llamado a la oración por la población de Ucrania, que continúa siendo “duramente afectada” por los constantes bombardeos, recordatorio constante de los peligros inherentes a los conflictos armados.

Los llamamientos tanto del arzobispo Coakley como del Papa León XIV convergen en una misma visión: la paz y la seguridad internacionales no pueden depender de la escalada militar, sino de la voluntad política para el diálogo, el desarme y la construcción de confianza mutua. La expiración del Tratado New START sin un marco que lo reemplace representa un desafío significativo para la estabilidad global, y la diplomacia, respaldada por un fuerte compromiso ético, se presenta como la herramienta indispensable para navegar esta delicada encrucijada y evitar el resurgimiento de una era de competencia nuclear desenfrenada.

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