25 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – En un significativo encuentro que subraya la importancia de la memoria histórica en la actualidad, Su Santidad el Papa León XIV recibió el pasado 23 de marzo de 2026 a Dani Dayan, presidente de Yad Vashem, el Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá. Acompañando a Dayan en esta audiencia en el Vaticano estuvo Yaron Sideman, embajador de Israel ante la Santa Sede. La reunión se centró en la imperiosa necesidad de recordar el Holocausto como herramienta fundamental para combatir el creciente resurgimiento del antisemitismo a nivel global, un tema de profunda preocupación compartida por ambas partes.

Durante la conversación, el presidente de Yad Vashem enfatizó que el conocimiento y la dignificación del Holocausto no son meros ejercicios históricos, sino pilares esenciales para comprender el presente y forjar un futuro más justo. “Debemos asegurar que una atrocidad de esta magnitud jamás se repita, ni al pueblo judío ni a ninguna otra comunidad en el mundo”, declaró Dayan, haciendo hincapié en la urgencia de preservar esta memoria colectiva. Su mensaje resonó profundamente en el contexto actual, donde el antisemitismo, según sus palabras, “vuelve a mostrar su rostro más aborrecible en todas las latitudes”. Para Dayan, existe una intrínseca conexión entre la educación sobre la Shoá y la erradicación del odio y la intolerancia.

El líder de la institución israelí para la memoria del Holocausto fue categórico al desvincular el antisemitismo de las políticas del Estado de Israel. Rechazó firmemente cualquier sugerencia de que las acciones políticas israelíes puedan justificar o alimentar este fenómeno. “El antisemitismo es una intolerancia intrínseca, una forma de racismo que opera con independencia de lo que Israel haga o deje de hacer”, sentenció. Esta postura recalca que el antisemitismo debe ser combatido sin reservas ni pretextos atenuantes, siendo un mal en sí mismo que no merece comprensión, sino una confrontación directa.

Dayan describió el antisemitismo como una peligrosa fuerza unificadora entre grupos extremistas que, paradójicamente, se oponen en casi todos los demás aspectos ideológicos. Detalló cómo se ha convertido en una “lingua franca”, un denominador común que une a extremistas de izquierda y derecha, religiosos e islamistas, entre otros, quienes, a pesar de sus profundas diferencias, encuentran en el odio a los judíos un punto de convergencia e incluso de colaboración. En este punto crucial, el presidente de Yad Vashem reveló haber encontrado una “plena coincidencia” de pensamiento y propósito con Su Santidad el Papa León XIV, lo que sugiere un frente común en la lucha contra esta forma de odio.

La conversación también abordó la clara distinción entre la memoria del Holocausto y los debates políticos contemporáneos. Aunque Dayan reconoció que la Shoá sigue siendo una presencia “omnipresente” en la conciencia colectiva judía y moldea su identidad, subrayó que “la política y la memoria del Holocausto son dos entidades completamente separadas”. La obligación de recordar el Holocausto, según Dayan, es una responsabilidad triple: una deuda con el futuro, para edificar un mundo libre de intolerancia y genocidio; una urgencia para el presente, en medio del resurgimiento del antisemitismo; y un deber moral ineludible hacia los seis millones de víctimas que fueron brutalmente asesinadas por la Alemania nazi y sus colaboradores durante la Shoá. “Es una deuda que tenemos el deber de mantener viva”, afirmó con solemnidad.

En un gesto que simboliza la estrecha relación y el diálogo constante entre la Iglesia Católica y el pueblo judío, Dayan entregó al Papa León XIV una conmovedora pintura del artista judío Carol Deutsch, creada durante la Shoá, que representa la pregunta bíblica: “¿Adán, dónde estás?”. Esta obra fue ligada por Dayan al memorable discurso pronunciado por el ahora fallecido Papa Francisco en Yad Vashem, donde el Pontífice preguntó: “¿Dónde estaba la humanidad?”. Este intercambio artístico y filosófico encapsula la reflexión compartida sobre la responsabilidad humana frente a la barbarie. Asimismo, el presidente de Yad Vashem expresó su ferviente esperanza de que Su Santidad el Papa León XIV pueda visitar el centro de conmemoración en Jerusalén en el futuro, “cuando las circunstancias lo permitan”, consolidando aún más los lazos de respeto y memoria.

Finalmente, al ser consultado sobre el rol de los creyentes en la promoción de la paz global, Dayan destacó que la memoria del Holocausto sirve como un poderoso recordatorio de la urgencia de esta misión. “Anhelarla y actuar en favor de ella”, dijo, enfatizando que “aprender sobre el Holocausto… es una de las mayores motivaciones que una persona puede tener para comprender que la paz es un imperativo”. Reflexionó sobre una antigua convicción personal, ahora matizada por la experiencia, de que la devastación de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto habrían puesto fin a la guerra y al antisemitismo. “Lamentablemente, fui muy ingenuo en ese sentido. Debemos trabajar con mayor ahínco, todos nosotros, para hacer de eso una realidad en el futuro”, concluyó, un llamado a la acción que resuena con la misión de ambos líderes en la promoción de la dignidad humana y la prevención de futuras tragedias.

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