

El sistema educativo venezolano ha dado inicio a un nuevo ciclo lectivo en medio de un profundo dolor espiritual y material. A través de un pronunciamiento oficial emitido por la Comisión Episcopal de Educación, las autoridades eclesiásticas se dirigieron a profesores, alumnos, padres de familia y personal administrativo para reflexionar sobre la compleja realidad que atraviesa el país tras la emergencia natural que azotó a la nación sudamericana.
El documento pastoral, que lleva fecha del 14 de septiembre, retrata de manera cruda el panorama con el que arranca este periodo académico. Los jerarcas de la Iglesia católica señalaron que las actividades pedagógicas comienzan con “el alma conmocionada de dolor”, como consecuencia directa del devastador doble terremoto registrado el pasado 24 de junio, el cual cobró la vida de miles de personas y dejó un saldo de decenas de miles de heridos y desaparecidos en distintas regiones del territorio nacional.
Asimismo, el episcopado enfatizó que las consecuencias de este fenómeno telúrico van mucho más allá de la pérdida irreparable de vidas humanas y la destrucción de hogares. El sismo también provocó un grave deterioro y la pérdida de valiosos espacios educativos, dejando numerosas instalaciones completamente en ruinas o con daños estructurales severos que comprometen su operatividad.
Ante esta tragedia, los representantes eclesiásticos expresaron que se inclinan “con reverencia e infinito respeto” ante la comunidad docente, los niños, los jóvenes y los trabajadores obreros que actualmente enfrentan la ausencia física de un ser querido, la pérdida total de sus viviendas o la desolación de ver sus centros de estudio colapsados. En este contexto, hicieron un llamamiento a la ciudadanía para que, durante estas primeras jornadas, la población se una en una ferviente oración comunitaria por el eterno descanso de las víctimas fatales y para pedir fortaleza espiritual para los afectados.
Garantizar entornos escolares seguros y dignos para el alumnado
Recogiendo las directrices planteadas previamente por la Asociación Venezolana de Educación Católica, los obispos recalcaron que salvaguardar la educación como un derecho humano primordial exige, como paso previo e indispensable, asegurar ambientes escolares de protección, dignos y verdaderamente seguros antes de iniciar plenamente el encuentro lectivo.
Los firmantes del comunicado insistieron en la necesidad de conjuntar esfuerzos, fomentar la empatía colectiva y remar hacia un mismo objetivo para brindar apoyo y restaurar la esperanza en las nuevas generaciones. Según indicaron, esta crisis exige una respuesta inmediata basada en la caridad y la solidaridad mutua.
De igual manera, se emitió un llamado urgente dirigido a todas aquellas comunidades cristianas que desempeñan una labor formativa para que abran sus brazos de par en par y demuestren el rostro más fraterno de la institución eclesiástica, priorizando la integración y el resguardo de los menores que sufrieron las consecuencias directas de los movimientos telúricos.
Bajo esta premisa, la Iglesia solicitó que “ningún estudiante se quede al margen ni se sienta solo; compartamos el aula, los recursos y el corazón”. La meta principal es transformar las escuelas en auténticos refugios de contención emocional, espacios espirituales y centros generadores de vida y confianza en el porvenir.
Reconocimiento a la labor heroica del personal docente
La cúpula eclesiástica también dedicó un espacio para visibilizar la durísima situación que padece el magisterio y los trabajadores de los planteles educativos. Dicho sector ya arrastraba una crisis profunda previa a los terremotos, marcada por condiciones socioeconómicas adversas que impiden percibir una contraprestación justa por sus servicios, una problemática que, en palabras de los obispos, “clama al cielo”.
Para honrar su labor, el episcopado manifestó su reconocimiento a la heroica vocación de los profesores y reiteró su respaldo institucional para respaldar sus peticiones gremiales, recordando a la sociedad que formar a las futuras generaciones implica necesariamente cuidar con dignidad a quienes entregan su vida por esta misión.
Finalmente, se recomendó que los primeros días de clases incluyan espacios dedicados a la escucha activa, la acogida y la oración compartida, con el propósito fundamental de sanar el impacto emocional tanto en los estudiantes como en los trabajadores.
El mensaje concluyó con una invocación a la patrona nacional: “Que la Virgen de Coromoto, nuestra Patrona, camine con cada educador y cuide con ternura a nuestros niños y jóvenes. Aunque el dolor sea grande, no nos rendimos: seguimos educando, porque educar es un acto de amor puro, de fe y de inquebrantable esperanza en el futuro de Venezuela”.








