

El Cardenal Felipe Arizmendi Esquivel preside la Santa Misa en la Basílica de Guadalupe, en 2024. Crédito: Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
El Cardenal Felipe Arizmendi Esquivel ha lanzado una grave advertencia sobre la incursión de las redes delictivas en el entorno escolar mexicano, donde operan coaccionando a los alumnos para que participen en la comercialización de sustancias ilícitas, una situación que se agrava por el peligro latente al intentar romper con estas dinámicas criminales.
Mediante un texto de opinión difundido a través de ACI Prensa, el obispo emérito de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas compartió diversas vivencias recopiladas a lo largo de su trayectoria pastoral en torno al consumo de estupefacientes y la delincuencia organizada.
El impacto del narcomenudeo en la juventud escolarizada
La utilización de niños y adolescentes por parte de las estructuras delictivas representa uno de los desafíos sociales más apremiantes en territorio mexicano, una tendencia documentada por múltiples organismos especializados en la materia.
Un estudio publicado en 2021 por la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) calculó que entre 145.000 y 250.000 menores de edad se encuentran expuestos al peligro de ser cooptados por células criminales en el país.
Esta problemática también ha sido señalada por autoridades judiciales locales. En el estado de Morelos, la magistrada Adriana Pineda Fernández advirtió en octubre de 2025 sobre el incremento de menores involucrados en actividades de narcomenudeo, detectando la participación de niños de apenas 12 años y destacando que esta conducta ilícita encabeza las causas penales juveniles en la región.
Amenazas y coacción: la trampa de la delincuencia
Durante su relato, el purpurado mexicano recordó un episodio personal en el que debió intervenir directamente al percatarse de que dos alumnos que cursaban su educación media superior en un plantel público “les estaban obligando a vender droga en la misma institución”.
Arizmendi, quien desempeñó cargos como rector del Seminario de Toluca y obispo en el estado de Chiapas, también expuso el caso de una joven que comenzó a consumir estupefacientes por iniciativa propia antes de involucrarse en la distribución. Al intentar apartarse de ese entorno, la víctima enfrentó severas intimidaciones por parte de los operadores del narcotráfico, quienes le advirtieron “que, si se salía, se atuviera a las consecuencias, tanto para ella como para a sus familiares, incluido su asesinato”. Tras atestiguar este tipo de intimidaciones, el prelado reflexionó sobre “¡qué difícil es salir de ese mundo!”.
Una perspectiva integral sobre las adicciones modernas
El jerarca católico subrayó que el problema de las dependencias va más allá de las sustancias químicas tradicionales, abarcando el abuso en la ingestión de alcohol y conductas contemporáneas como la dependencia excesiva a “las pantallas, sea de televisión, de celulares, de tabletas y otros medios modernos”.
Si bien reconoció la labor que desempeñan los centros de rehabilitación o anexos, enfatizó que estas estructuras resultan insuficientes cuando existen conflictos emocionales profundos arraigados desde la infancia o traumas que impulsan a las personas a buscar refugio en estas conductas.
Por este motivo, el Cardenal exhortó a la sociedad a evitar los prejuicios contra quienes sufren alguna dependencia y abogó por un enfoque solidario. En su mensaje final, insistió en que “no sólo los condenemos. Tratemos de darles atención respetuosa y ofrecerles los medios apropiados para su liberación”.








