17 febrero, 2026

SAN ANTONIO, TEXAS – Monseñor Gustavo García-Siller, Arzobispo de San Antonio, Texas, ha expresado su firme convicción de que la comunidad hispana, en particular los inmigrantes, está llamada a infundir nueva vitalidad en la Iglesia Católica. En recientes declaraciones a EWTN News, el prelado abordó una diversidad de temas que van desde sus experiencias personales con la persecución eclesiástica en México hasta la situación actual de las políticas migratorias en Estados Unidos, así como la respuesta de la Iglesia ante el temor de deportación.

El Arzobispo García-Siller, quien recientemente bendijo a los tradicionales danzantes matachines en la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, subrayó la importancia cultural y espiritual de la población hispana en el tejido de la fe católica. Sin embargo, sus reflexiones también se centraron en las complejas dinámicas de la inmigración que afectan a su arquidiócesis.

**Un Liderazgo que Desafía el Miedo Migratorio**

A diferencia de otros obispos en el país, Monseñor García-Siller ha optado por no conceder una dispensa para la asistencia a Misa a aquellos que temen la aplicación de las leyes migratorias por parte de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Su postura es clara: “Decirle a la gente que no venga a la vida sacramental de la Iglesia y a la comunidad? No, no lo haría”. El arzobispo enfatizó su esperanza de que los agentes de ICE concentren sus esfuerzos en delincuentes violentos y permitan que los inmigrantes, muchos de los cuales se encuentran en procesos legales y contribuyen con su trabajo, puedan vivir en paz.

El líder eclesiástico de San Antonio reiteró su fe en un país que valora la ley y el orden, pero expresó su profunda sorpresa y preocupación por las medidas actuales, que calificó de “persecución”. “Me sorprende mucho que no hayamos aprendido”, afirmó, refiriéndose a las consecuencias históricas del sufrimiento de personas inocentes.

En lugar de eximir de la obligación de asistir a la Misa, el arzobispo ha articulado una estrategia de alcance activo. “Alcanzaremos a aquellos que están ocultos. Ese es nuestro trabajo. Iremos a encontrarlos en sus hogares, llevaremos catequistas y la Comunión a sus casas”, detalló. Esta iniciativa no solo busca satisfacer las necesidades espirituales de la comunidad migrante, sino también sus requerimientos materiales. “Si necesitan comida, ropa, medicinas, servicios que el gobierno no les está dando; porque son seres humanos, haremos todo lo que podamos”, prometió, destacando un compromiso particular con los ancianos y aquellos sin seguro médico. Reconoció que, si bien la ayuda gubernamental sería ideal, la Iglesia encontrará maneras de asistir a quienes lo necesiten.

**Críticas a las Políticas y el Eco de la Historia**

El arzobispo lamentó profundamente la interrupción de programas de inmigración legal, como el Estatus de Protección Temporal (TPS), que a su juicio, ha transformado a personas que seguían procedimientos legales en inmigrantes indocumentados. “Eso no es aceptable”, declaró. “Tenemos que ser la voz de los que no tienen voz. No tenemos que entrar en el ciclo de miedo que ha sido creado por el sistema actual. Tenemos que ser libres porque Jesús nos hizo libres”.

Si bien reconoció la obligación de Estados Unidos de proteger sus fronteras y expulsar a criminales “realmente comprobados”, García-Siller criticó con dureza las prácticas migratorias actuales, calificándolas de “horribles” y comparándolas con “otros sistemas tiránicos”.

Estas reflexiones se arraigan en su propia historia personal. El arzobispo compartió sus recuerdos de infancia en México durante los años 60, cuando la Constitución de 1917 y leyes federales posteriores, resabios de la Guerra Cristera, imponían severas restricciones a la Iglesia Católica. La Iglesia no podía poseer propiedades, los sacerdotes no podían usar vestimenta clerical en público, y se prohibían las órdenes religiosas. “Yo mismo experimenté las consecuencias de la opresión de la Iglesia Católica en México debido a líderes tiranos”, dijo, recordando que las monjas maestras no podían ser llamadas “hermanas” por imposición gubernamental, y los libros de texto católicos estaban prohibidos. Como clérigo, antes de las reformas de 1992, no tenía derecho a votar, a recibir un salario, a poseer propiedades ni a heredar de sus padres.

A pesar de que estas restricciones se levantaron tras las visitas del Papa Juan Pablo II y las reformas constitucionales impulsadas por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, Monseñor García-Siller sostuvo que la persecución vivida en su infancia fue “muy pequeña” en comparación con la que enfrentan los inmigrantes hoy en Estados Unidos. La situación migratoria actual, afirmó, es “grotesca, indignante y priva a las personas de su dignidad humana. La represión es tan clara”.

**Nuevo Liderazgo en Catholic Charities de San Antonio**

En un desarrollo importante para la asistencia humanitaria, el Arzobispo García-Siller anunció recientemente el nombramiento de Ada Saenz como la nueva presidenta y directora ejecutiva de Catholic Charities de San Antonio. Saenz, quien anteriormente se desempeñó como directora ejecutiva de Boys & Girls Clubs of San Antonio, aportará su vasta experiencia al servicio de la misión eclesial.

“Estoy increíblemente agradecido de que Ada esté viviendo su fe y que pondrá sus talentos profesionales al servicio de los marginados y de quienes experimentan pobreza en nombre de la Iglesia Católica”, declaró el arzobispo. Con Saenz al frente, Catholic Charities se prepara para “pensar creativamente sobre cómo apoyar a los más pobres, a los más necesitados, a los más perseguidos en el país, lo que incluye a los inmigrantes”, concluyó García-Siller, proyectando una renovada esperanza para la asistencia a las comunidades más vulnerables de San Antonio.

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