25 enero, 2026

El arzobispo Georg Gänswein, figura emblemática por su estrecha relación con el difunto Papa Emérito Benedicto XVI, ha compartido una profunda evolución en su espiritualidad personal, revelando que ahora invoca la intercesión del pontífice en lugar de rezar por él. Esta significativa declaración, acompañada de una esperanza palpable en la pronta apertura de la causa de beatificación de Joseph Ratzinger, se produjo durante un reciente evento en Vilna, Lituania, donde Gänswein ejerce su misión como Nuncio Apostólico.

El pasado 7 de enero, en un encuentro organizado por la revista católica Kelionė en la emblemática Biblioteca Nacional de Lituania, Gänswein no solo abordó sus vivencias personales y su nueva misión diplomática, sino que también ofreció una retrospectiva íntima sobre las décadas que compartió al servicio de Benedicto XVI. Su alocución, cargada de matices personales y observaciones profundas, atrajo la atención de fieles y académicos por igual.

Desde su nombramiento como Nuncio Apostólico para los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia), el arzobispo Gänswein ha asumido un rol fundamental en el fortalecimiento de los lazos entre la Santa Sede y estas naciones. Con su característico buen humor, describió su llegada a esta nueva geografía, tan distinta de su vida anterior: “Vengo de la zona más hermosa de Alemania, pero he vivido la mayor parte de mi vida en Roma. Como agradecimiento y extra por todo mi trabajo, recibí una asignación para trabajar en los países bálticos”, comentó jovialmente, aludiendo a los desafíos y bendiciones de su nueva residencia.

Sus reflexiones no se limitaron a lo formal. Al ser consultado sobre las diferencias entre la celebración de la Navidad en la Ciudad Eterna y en las latitudes bálticas, el prelado no dudó en señalar una distinción fundamental: “Celebré la Navidad en Roma durante 28 años y en Vilna durante dos. La primera diferencia es el frío”. Más allá de la temperatura, Gänswein elogió la belleza de las celebraciones locales. Destacó las “hermosísimas decoraciones navideñas” y afirmó que los árboles de Navidad lituanos “son muy hermosos, quizás incluso más hermosos que los de la Plaza de San Pedro, en el Vaticano”. Subrayó también la profunda reverencia con la que se vive el nacimiento de Cristo en Lituania, percibiendo una fe que va más allá de lo meramente cultural, atenta al misterio central de la temporada. Esta apreciación de la espiritualidad local refleja su compromiso con la misión diplomática y pastoral encomendada.

La conversación inexorablemente volvió al legado de Benedicto XVI, figura central en la vida de Gänswein. Los años compartidos junto a Joseph Ratzinger fueron calificados por el arzobispo como un “don de la divina providencia”, una experiencia transformadora que trascendió lo profesional. “Todos estos años de colaboración han dejado una experiencia imborrable”, compartió Gänswein. “No fue solo una formación intelectual y teológica, sino también una formación del corazón, del alma y de todo lo que podemos llamar vida”, enfatizó, revelando la profunda huella espiritual que Ratzinger dejó en él. Su testimonio subraya el impacto duradero del pensamiento y la piedad del Papa Emérito en quienes tuvieron la oportunidad de trabajar de cerca con él.

El vínculo entre Gänswein y Ratzinger se forjó mucho antes de su colaboración directa. El arzobispo rememoró su primer acercamiento a los escritos del futuro pontífice siendo un joven seminarista. “Intenté leer y estudiar todos sus escritos”, dijo, reconociendo en el brillante teólogo no solo a un académico sobresaliente, sino a “un hombre lleno de fe e inteligencia”. Tras su ordenación sacerdotal en 1984 y una etapa como párroco adjunto, el camino lo llevó a completar su doctorado y, finalmente, a Roma. Allí, se encontró con Joseph Ratzinger, quien en ese entonces era prefecto del influyente Dicasterio para la Doctrina de la Fe. La invitación a colaborar, que Gänswein describe como “misteriosa y llena de gracia”, culminó en su nombramiento como secretario personal de Ratzinger en 2003, un rol que desempeñaría con dedicación y lealtad hasta la muerte de Benedicto XVI el 31 de diciembre de 2022. “¿Para qué me llamó? No lo sé, pero lo veo como un gran regalo de la Providencia”, expresó.

El aspecto más conmovedor de sus declaraciones giró en torno a su relación espiritual con Benedicto XVI tras su fallecimiento. “Y ahora, cuando el Papa Benedicto XVI ha partido para estar con el Señor, noto que no rezo tanto por él, sino a él, pidiéndole su ayuda”, afirmó Gänswein, una observación que subraya la profunda convicción en la santidad y la cercanía celestial del pontífice emérito. Esta transformación de la oración, de la intercesión por el difunto a la invocación del difunto como intercesor, es un testimonio poderoso de la estima y la fe que el arzobispo tiene por la figura de Ratzinger. Gänswein compartió que, incluso durante su servicio en los países bálticos, se ha encontrado pidiéndole su intercesión a Benedicto XVI en momentos de necesidad personal y pastoral, evidenciando una conexión espiritual que se mantiene viva y activa.

Esta fe en la santidad de Benedicto XVI se traduce en una firme esperanza personal respecto a su beatificación. “Personalmente, tengo grandes esperanzas de que este proceso se abra”, declaró Gänswein en una entrevista con la cadena de televisión católica alemana K-TV el pasado mes de diciembre, poco antes de una audiencia privada que mantuvo con el Papa Francisco en Roma. Sin embargo, el arzobispo también recalcó la inherente cautela y la sabiduría de la Iglesia Católica en estos procesos. “La Iglesia es una madre muy sabia y muy prudente”, dijo, enfatizando que en las causas de beatificación es “doblemente sabia y doblemente prudente”. Para la institución, es fundamental que transcurra un tiempo prudencial para discernir si la estima pública por una persona refleja una santidad genuina y no una fama pasajera o sentimental. La meticulosidad de este proceso garantiza la solidez de las declaraciones de santidad, un pilar fundamental en la tradición eclesial que busca asegurar la veracidad de los milagros y las virtudes heroicas atribuidas.

El legado de Benedicto XVI, su magisterio y su ejemplo de vida, continúan siendo una fuente de inspiración y guía para el arzobispo Gänswein en su exigente labor como Nuncio Apostólico. Su testimonio no solo honra la memoria del Papa Emérito, sino que también ofrece a los fieles una perspectiva íntima de la relación entre dos figuras clave en la Iglesia contemporánea. La posibilidad de que Joseph Ratzinger sea elevado a los altares resuena con fuerza en las palabras de su antiguo secretario, quien, desde su puesto en Lituania, se convierte en un celoso custodio de la memoria y la espiritualidad de Benedicto XVI, invitando a la comunidad católica a unirse en la esperanza de su futura glorificación.

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