24 enero, 2026

**Ciudad del Vaticano, 9 de enero de 2026** — En un contundente mensaje al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa León XIV emitió hoy una severa condena al resurgimiento del uso de la fuerza en las relaciones internacionales y a un preocupante “cortocircuito” en la protección de los derechos humanos fundamentales. Durante su discurso anual de Año Nuevo en el Palacio Apostólico, el Santo Padre subrayó la urgencia de retornar al diálogo multilateral y a la primacía del derecho internacional, marcando esta intervención como una de las más extensas y directas de su pontificado.

“La diplomacia que fomenta el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo suplantada por una diplomacia anclada en la fuerza”, afirmó el Pontífice ante representantes de 184 naciones. Con una inquietante observación, añadió que “la guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se propaga”, reflejando una profunda preocupación por la erosión del estado de derecho, pilar de la convivencia pacífica. El Papa lamentó que la paz “ya no se persiga como un don y un bien deseable en sí mismo”, sino a través de las armas como condición para establecer dominio, una tendencia que compromete gravemente la estabilidad global.

**Un Llamado a la Razón y al Bien Común Global**

León XIV instó a los líderes mundiales a anteponer el bien común de los pueblos a los intereses particulares, en un contexto de crecientes tensiones. Hizo una mención explícita a Venezuela, reiterando el llamado a respetar la voluntad de su pueblo y a garantizar la protección de los derechos civiles y humanos de todos sus ciudadanos.

El marco filosófico de su discurso se cimentó en la obra seminal de San Agustín de Hipona, *De Civitate Dei* (La Ciudad de Dios). El Pontífice destacó que esta filosofía cristiana, escrita en el siglo V, ofrece valiosas perspectivas sobre la vida social y política, la búsqueda de una coexistencia más justa y pacífica. San Agustín, advirtió el Papa, ya señalaba los peligros de las falsas representaciones históricas, el nacionalismo exacerbado y la distorsión del ideal del líder político. Subrayó la particular relevancia de estos preceptos en la actualidad, caracterizada por la migración masiva y “un profundo reajuste de los equilibrios geopolíticos y los paradigmas culturales”.

**El “Cortocircuito” de los Derechos Humanos y la Defensa de la Vida**

El Santo Padre manifestó su honda preocupación por lo que denominó un “cortocircuito” en el respeto a los derechos humanos a escala global, con especial énfasis en el derecho a la vida. “La tutela del derecho a la vida constituye el cimiento indispensable de cualquier otro derecho humano”, enfatizó, argumentando que una sociedad solo prospera cuando defiende la sacralidad de la existencia humana desde su concepción hasta su fin natural.

Criticó con firmeza la restricción de derechos fundamentales como la libertad de expresión, conciencia y religiosa, en favor de lo que describió como “pretendidos nuevos derechos”. Esta dinámica, según el Papa, debilita el propio entramado de los derechos humanos, convirtiéndolos en autorreferenciales y desvinculándolos de la realidad, la naturaleza y la verdad, abriendo así paso a la fuerza y la opresión.

**La Persecución Religiosa y la Distorsión del Lenguaje**

El Papa León XIV señaló la persecución de cristianos como una de las crisis de derechos humanos más extendidas hoy, con más de 380 millones de fieles padeciendo discriminación, violencia u opresión extrema. Recordó a las víctimas de Bangladesh, el Sahel, Nigeria, y el atentado en Damasco. Además, denunció una “sutil discriminación religiosa” contra cristianos incluso en países de mayoría cristiana en Europa y América, donde se les restringe la capacidad de proclamar el Evangelio cuando defienden la dignidad de los más vulnerables, los no nacidos, los refugiados, migrantes o la institución familiar. Exigió respeto para todas las comunidades religiosas y el rechazo categórico de cualquier forma de antisemitismo.

Abordando otra arista fundamental, el Pontífice lamentó cómo los debates actuales en torno al significado de las palabras están socavando la libertad de expresión. “Redescubrir el significado de las palabras es quizás uno de los principales retos de nuestro tiempo”, aseveró, advirtiendo que, cuando las palabras pierden su conexión con la realidad, la comunicación misma se vuelve inviable. Este debilitamiento del lenguaje, paradójicamente invocado en nombre de la libertad de expresión, conduce a lo opuesto, ya que la certeza del lenguaje es precisamente lo que garantiza dicha libertad. Deploró la rápida reducción del espacio para una auténtica libertad de expresión, especialmente en Occidente, y el surgimiento de un “nuevo lenguaje al estilo orwelliano” que, buscando ser inclusivo, termina por excluir a quienes no se ajustan a sus ideologías.

**Libertad de Conciencia, Familia y la Dignidad Humana**

Esta distorsión lingüística y el avance de ideologías están impactando directamente en la libertad de conciencia, otro derecho humano fundamental. El Papa explicó que la objeción de conciencia, que permite a las personas rechazar obligaciones que contradicen sus principios morales o religiosos (como el servicio militar, el aborto o la eutanasia), “no es rebelión, sino un acto de fidelidad a uno mismo”.

Reiteró la importancia de proteger la institución de la familia como “vocación al amor y a la vida”, manifestada en la unión exclusiva e indisoluble entre un hombre y una mujer, implicando un “imperativo ético fundamental para acoger y cuidar la vida por nacer”. Rechazó categóricamente prácticas como el aborto y la gestación subrogada, y consideró “deplorable” que recursos públicos se destinen a suprimir la vida en lugar de apoyar a madres y familias. También hizo un llamado a brindar soluciones dignas para el sufrimiento, como los cuidados paliativos para enfermos y ancianos, en contraposición a la eutanasia, promoviendo “políticas de auténtica solidaridad”.

Finalmente, el Papa León XIV insistió en la dignidad inalienable de cada persona, incluidos los migrantes, cuyos derechos deben ser respetados. Expresó la esperanza de la Santa Sede de que las medidas contra la criminalidad y la trata de personas no se conviertan en pretexto para menoscabar la dignidad de refugiados y migrantes. Concluyó su discurso retomando la visión agustiniana de las dos ciudades: la Ciudad de Dios, cimentada en el amor incondicional y la caridad, y la ciudad terrena, marcada por el orgullo y el amor propio que conduce a la destrucción. “El orgullo oscurece tanto la realidad misma como nuestra empatía hacia los demás”, afirmó, recordándonos que este es, en última instancia, la raíz de todo conflicto.

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