Ciudad del Vaticano – En un emotivo mensaje pronunciado desde el histórico balcón de la Logia central del Palacio Apostólico, el Pontífice hizo un contundente llamado global por la paz, exhortando a la humanidad a desmantelar la “industria de la guerra” y, en su lugar, cultivar la “artesanía de la paz”. La declaración, que siguió a la celebración de la Misa de la Solemnidad de la Epifanía del Señor en la Basílica de San Pedro, resonó profundamente entre los fieles congregados en la Plaza de San Pedro y millones alrededor del mundo.
Este martes 6 de enero, durante el tradicional rezo del Ángelus, el Santo Padre subrayó la urgencia de construir un futuro cimentado en la fraternidad y la equidad. “Que su Reino crezca, que sus palabras se cumplan en nosotros, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz. Artesanos de esperanza, caminemos hacia el futuro por otro camino”, enfatizó, articulando una visión de transformación social y espiritual.
**Una Esperanza con Raíces Terrenales y Mirada Celestial**
En su alocución, el Pontífice tejió su mensaje con el profundo significado de la Epifanía, que conmemora la manifestación de Jesús al mundo, y lo enlazó con el espíritu de un próximo Jubileo. Explicó que la esperanza cristiana, aunque emanada del cielo, “debe tener los pies en la tierra”. Esta esperanza, lejos de ser una quimera distante, está llamada a “generar aquí abajo una historia nueva”, transformando las realidades terrenales a través de principios divinos.
Desde el mismo balcón que ha sido testigo de momentos clave de su pontificado – incluyendo una de sus primeras apariciones públicas tras su elección –, el Papa recordó que el Jubileo constituye un poderoso recordatorio de una justicia arraigada en la gratuidad. Esta visión jubilatoria, según el Santo Padre, es una invitación a una profunda reorganización de la convivencia humana, un llamado a redistribuir la tierra y los recursos de manera más equitativa, y a devolver “lo que se tiene” y “lo que se es” a los sueños de Dios, que son, por naturaleza, más grandes y ambiciosos que cualquier aspiración humana individual.
**El Mensaje de los Magos: Entrega y Compartir**
El Pontífice también reflexionó sobre el relato evangélico de los Magos, figuras centrales de la Epifanía, destacando el valor simbólico de los dones ofrecidos al Niño Jesús: oro, incienso y mirra. Estos presentes, dijo, no son meras ofrendas materiales, sino expresiones de una entrega total y desinteresada.
En los regalos de los Magos, el Santo Padre vislumbró un espejo de lo que cada individuo puede aportar a la comunidad, aquello que ya no debe ser guardado egoístamente, sino compartido generosamente para que Jesús, y con Él, la verdadera vida, crezca entre nosotros. Esta perspectiva subraya la interconexión entre la fe personal y la acción colectiva, donde el dar y el compartir se convierten en pilares para una sociedad más justa y compasiva.
**Jesús, la Verdadera Vida y el Impulso para el Cambio**
El Pontífice insistió en que en Jesús “ha aparecido la verdadera vida, el hombre viviente”, una vida que no se repliega sobre sí misma, sino que se abre a la comunión y posee la capacidad intrínseca de transformar la realidad circundante. De este modo, animó a todos los cristianos a convertirse en “artesanos de esperanza”, emulando el ejemplo de los Magos, quienes, guiados por una estrella, se atrevieron a “caminar hacia el futuro por otro camino”, un camino de fe, búsqueda y entrega.
La invitación del Papa no es meramente contemplativa, sino que demanda una acción concreta y proactiva por parte de los creyentes. Ser un “artesano de paz” o un “artesano de esperanza” implica un compromiso diario con la construcción de puentes, la sanación de heridas y la promoción de la justicia, resistiendo la tentación de la indiferencia o la resignación.
**Saludos Globales y Compromiso con la Infancia Misionera**
Al finalizar el rezo mariano, el Pontífice dirigió un saludo especial a los niños y jóvenes de todo el mundo, con motivo de la Jornada Misionera de la Infancia. Agradeció su invaluable oración por los misioneros y su compromiso solidario con sus coetáneos más desfavorecidos. “Quiero saludar y dar las gracias a todos los niños y jóvenes que en tantas partes del mundo rezan por los misioneros y se esfuerzan por ayudar a sus compañeros más necesitados”, afirmó el Santo Padre, reconociendo el poder transformador de la caridad infantil.
Finalmente, el Pontífice extendió un deseo de serenidad y paz a las comunidades cristianas de Oriente que, siguiendo el calendario juliano, celebrarían la Navidad al día siguiente, haciendo extensivo este mensaje a sus familias. Este gesto subraya la universalidad de la Iglesia y su constante oración por la unidad y la armonía entre todos los pueblos y tradiciones. El mensaje del Papa, en esta Epifanía, no solo conmemoró un evento bíblico, sino que proyectó una visión clara y un llamado urgente a la acción en favor de un mundo más pacífico y equitativo.






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