15 febrero, 2026

La Diócesis de Tumaco, ubicada en la costa Pacífica de Colombia, ha conmemorado recientemente el 120 aniversario de un evento que marcó profundamente la historia y la fe de su comunidad: el milagro eucarístico que, según la tradición local, protegió a la población de un inminente tsunami el 31 de enero de 1906. Este significativo aniversario fue celebrado con una solemne Eucaristía en la Catedral San Andrés Apóstol, presidida por Mons. Franklin Misael Betancourt, Obispo de Tumaco, reforzando la memoria colectiva de un suceso extraordinario y la profunda devoción eucarística en la región.

El relato del milagro, una parte fundamental de la identidad religiosa de Tumaco, describe un día de terror y esperanza que se gestó en la mañana del 31 de enero de 1906. Un potente terremoto sacudió la región, provocando un fenómeno conocido como el retroceso del mar, que se alejó aproximadamente un kilómetro de la orilla. Este comportamiento inusual del océano, precursor de una gigantesca ola marina, sembró el pánico entre los habitantes, quienes preveían una catástrofe inminente sobre el municipio costero.

Ante la magnitud de la amenaza, el entonces párroco de Tumaco, el Padre Gerardo Larrondo, tomó una decisión audaz que quedaría grabada en la memoria colectiva. Sin dudar, se dirigió al templo parroquial, extrajo del sagrario una forma consagrada de gran tamaño y un copón para asegurar su protección. Con el Santísimo Sacramento en sus manos, el Padre Larrondo salió a las calles y, alzando la Hostia, convocó a los fieles con la exclamación: “¡Vamos, hijos míos, vamos todos hacia la playa, y que Dios se apiade de nosotros!”.

La población, presa del terror pero aferrada a la fe, siguió al sacerdote en procesión hacia la orilla, mientras sus miradas se fijaban en el horizonte, donde una “aterradora pared de agua” avanzaba a gran velocidad. En un momento de profunda fe y desesperación, el Padre Larrondo alzó la Sagrada Eucaristía, trazando con ella una gran señal de la cruz en dirección a la inminente ola. Lo que sucedió a continuación, según los testimonios recopilados por la diócesis, fue un instante de asombro y júbilo colectivo. La inmensa masa de agua que se precipitaba sobre Tumaco “se detuvo de repente como bloqueada por una fuerza invisible”, mientras que el mar “volvió a su estado habitual”. Los gritos de “¡Milagro! ¡Milagro!” resonaron entre los presentes, sellando para siempre este acontecimiento como una manifestación divina de protección.

Durante la homilía de la Misa conmemorativa, Mons. Franklin Misael Betancourt, actual Obispo de Tumaco, reflexionó sobre la trascendencia de este hecho histórico. “Hoy nos reunimos para celebrar los 120 años de ese milagro eucarístico”, afirmó el prelado, recordando la valentía del Padre Gerardo y del Padre Julián –otro sacerdote presente en la procesión– al “enfrentar la terrible ola” con Jesús Eucaristía. El obispo destacó que, desde aquel 31 de enero de 1906, la comunidad de Tumaco ha mantenido viva la tradición de reunirse anualmente en el templo parroquial para expresar su gratitud por “el estupendo milagro realizado por la presencia del Santísimo Sacramento”. Subrayó que, en su magnitud, este acontecimiento es comparable a “los que se narran en la Sagrada Escritura”, reafirmando su carácter de intervención divina.

Más allá de la solemnidad del milagro de 1906, Mons. Betancourt hizo hincapié en la relevancia diaria de la Eucaristía para la vida de los creyentes. Recordó a los fieles que en cada Misa se actualiza un milagro eucarístico aún mayor, la transubstanciación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Con un llamado enérgico, el obispo exhortó a la comunidad a no descuidar la asistencia a la Eucaristía, equiparando su necesidad a la del alimento y el aire para la subsistencia física. “Así como necesito el alimento diario y el aire para vivir, de igual manera y más necesito la Eucaristía para mi vida”, sentenció, enfatizando la vitalidad espiritual que la comunión ofrece a los fieles.

Un aspecto notable de la celebración fue la mención de que el milagro de Tumaco trascendió las fronteras locales, llegando al conocimiento de San Carlo Acutis. El joven beato italiano, conocido por su devoción y por su extensa exposición sobre los milagros eucarísticos en el mundo, incluyó este extraordinario suceso en su recopilación, otorgándole una visibilidad global dentro de la Iglesia Católica y fortaleciendo su reconocimiento. Esta conexión, resaltada por el obispo, añade una capa de significado y universalidad al evento de Tumaco.

Con una visión de futuro, Mons. Betancourt expresó su profundo deseo de transformar la actual Catedral San Andrés Apóstol en un santuario dedicado al milagro eucarístico de Tumaco. “Vamos a hacer un santuario aquí, un santuario bello, un santuario hermoso”, compartió con entusiasmo, invitando a la comunidad a orar por la materialización de este proyecto. Este santuario no solo serviría como un lugar de peregrinación y veneración del Santísimo Sacramento, sino también como un recordatorio permanente de la fe inquebrantable de los habitantes de Tumaco y la protección divina recibida. Para reforzar esta iniciativa, el obispo reveló tener bajo su custodia valiosas reliquias de primer grado de San Carlo Acutis y de Santa Teresita del Niño Jesús, elementos que enriquecerían espiritualmente el futuro santuario eucarístico.

La solemne Misa del 31 de enero no solo marcó el aniversario del milagro, sino que también clausuró las “40 horas de adoración al Santísimo Sacramento” que la diócesis había organizado como parte integral de la conmemoración de los 120 años. Este periodo de intensa oración y devoción subraya la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Diócesis de Tumaco, la cual, en palabras de Mons. Betancourt, busca ser reconocida como una “diócesis eucarística”. El prelado extendió una invitación a “todos” a visitar Tumaco, para ser testigos de esta fe vibrante y de la memoria de un milagro que continúa inspirando esperanza y devoción en el Pacífico colombiano.

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