Miami, Estados Unidos – Monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, conmemoró este domingo el octavo aniversario de la “rebelión pacífica” que el pueblo nicaragüense emprendió en abril de 2018 contra el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Desde la iglesia Santa Agatha en Miami, donde ofició una misa, el prelado denunció que la nación centroamericana “camina herida” bajo un “estado policial represivo”, pero mantiene inquebrantable su “hambre de libertad”.
La emotiva homilía de Mons. Báez, exiliado de su país desde 2019 debido a la persecución, resonó con la experiencia de los discípulos de Emaús, quienes, tras la crucifixión de Jesús, se encontraban despojados de esperanza. “La vivencia de estos discípulos me trae espontáneamente a la mente la historia reciente del pueblo de Nicaragua, que hace ocho años se rebeló pacíficamente frente a una dictadura criminal que reaccionó con violencia, reprimiendo y asesinando a centenares de nicaragüenses”, afirmó el obispo.
El régimen de Ortega-Murillo, según el obispo, ha instaurado un sistema de control que ha erradicado las libertades fundamentales y ha dejado un rastro de dolor manifestado en encarcelamientos políticos, exilios forzados y muertes. “Como los dos discípulos de Emaús, Nicaragua camina herida, muchas veces con incertidumbre, pero siempre hambrienta de libertad, paz y justicia”, reiteró Báez, haciendo un llamado a no ceder al desánimo, tal como advirtió que le ocurrió a los discípulos.
La conmemoración de las protestas cívicas de abril de 2018 no se limitó a Miami. En diversas ciudades de Estados Unidos, Europa y Centroamérica, miles de nicaragüenses en el exilio participaron en misas y marchas pacíficas. Estas actividades buscan denunciar la continua represión del gobierno y exigir la restauración de la democracia y el respeto a los derechos humanos en su país natal.
A pesar de la sombría realidad, Mons. Báez ofreció un mensaje de esperanza a sus compatriotas. “El evangelio de hoy es un anuncio gozoso para los nicaragüenses. Nos recuerda que no estamos solos. El Señor Resucitado está vivo y camina con nosotros. Comparte nuestro dolor, desea abrirnos los ojos y darnos la fuerza para reconstruir el país y crear un futuro de justicia y libertad para todos”, enfatizó el prelado, instando a la comunidad a no perder la fe en la posibilidad de un futuro mejor.
La situación en Nicaragua sigue siendo motivo de profunda preocupación internacional. Marco Rubio, el Secretario de Estado de Estados Unidos, se pronunció en la plataforma X, reafirmando el compromiso de la administración Trump de “seguir responsabilizando a la dictadura de Murillo-Ortega por las brutales violaciones de derechos humanos cometidas contra los nicaragüenses”. En un acto concreto, Rubio anunció la designación del viceministro del Interior de Nicaragua, Luis Roberto Cañas Novoa, por su implicación en dichas violaciones.
Por su parte, el senador por Florida, Rick Scott, también utilizó X para recordar las protestas de hace ocho años y honrar a las víctimas de la opresión. “Nadie debería ser asesinado o encarcelado por luchar por sus derechos. No dejaré de luchar junto al valiente pueblo nicaragüense que aboga por sus derechos otorgados por Dios hasta que veamos una Nicaragua libre y democrática”, declaró Scott, subrayando el apoyo continuo a la lucha del pueblo nicaragüense.
En su homilía, el obispo Báez también desestimó la narrativa del poder, afirmando que “no hay que caer en la ingenuidad de creer que quienes se imponen con las armas son los vencedores. No hay que dejarse engañar por la lectura deformada de la historia que hacen los criminales en el poder, quienes se presentan como víctimas y llaman culpables a las víctimas”. Resaltó que la resurrección de Jesús es una promesa de que lo que pudo parecer una derrota en 2018 es, en realidad, “la gran victoria de un pueblo que ya está resucitando, al no resignarse al sometimiento injusto ni al secuestro de su propia historia”.
Las protestas de abril de 2018, conocidas como la “rebelión de abril”, se iniciaron tras la controvertida decisión del gobierno de Ortega de aumentar las contribuciones de trabajadores y empleadores al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). Aunque la medida fue derogada el 22 de abril ante la magnitud de las manifestaciones, las protestas escalaron rápidamente, transformándose en un clamor por la renuncia del presidente y la convocatoria a elecciones libres. La respuesta del Estado fue una represión brutal por parte de las fuerzas de seguridad y grupos paramilitares, resultando en más de 325 muertes, según denuncias de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas.
En medio de la escalada de violencia, la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) asumió un papel de mediación en una mesa de diálogo que, sin embargo, fue suspendida. La Iglesia Católica, que históricamente ha sido una voz en defensa del pueblo, ha sufrido una intensa persecución desde entonces. Se han reportado la expulsión de al menos 309 religiosos –incluyendo obispos como Mons. Báez, sacerdotes y religiosas–, la confiscación de decenas de propiedades eclesiales, y la cancelación de la personería jurídica de múltiples organizaciones católicas, como Cáritas. La dictadura también ha impuesto un asedio constante a las actividades eclesiales, prohibiendo procesiones y eventos públicos, incluso durante la Cuaresma y la Semana Santa, y restringiendo las ordenaciones sacerdotales. La abogada Martha Patricia Molina, autora de informes sobre la situación, ha documentado miles de ataques perpetrados por el régimen contra la Iglesia Católica en los últimos años, evidenciando una estrategia sistemática para silenciar toda voz disidente.







