17 febrero, 2026

La Iglesia en Perú ha iniciado un periodo de profunda relevancia en su relación con el Vaticano. Los obispos, que representan las 46 jurisdicciones eclesiásticas de la nación andina, han comenzado su quinquenal Visita Ad Limina Apostolorum en Roma, un encuentro programado del 26 al 31 de enero de 2026. Este peregrinaje no solo cumple con un requisito canónico, sino que simboliza una significativa reafirmación de la comunión con el Sucesor de Pedro y ofrece una oportunidad crucial para que los prelados peruanos evalúen los desafíos y tracen el futuro de la evangelización en su país.

La delegación episcopal, coordinada por la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), ha dado inicio a su intensa agenda de encuentros y celebraciones litúrgicas. Uno de los momentos más importantes se vivió el martes, en el segundo día de su estadía, cuando los obispos se congregaron para la celebración de la Eucaristía en la venerable Basílica de San Pedro, específicamente junto al sepulcro del Apóstol. Esta misa en el epicentro espiritual del catolicismo global resalta la universalidad de la Iglesia y la arraigada fe del pueblo peruano.

La solemnidad litúrgica fue presidida por Monseñor Carlos Enrique García Camader, Obispo de Lurín y actual Presidente de la CEP. Durante su homilía, Mons. García Camader articuló la profunda trascendencia de celebrar en un lugar tan emblemático, describiéndolo como “entrar en el corazón palpitante de la Iglesia universal”, un espacio donde “la fe se hace roca, misión y hermandad”. El prelado subrayó la presencia de los obispos peruanos como representantes de su Iglesia local, unidos en comunión con el Santo Padre y con la vasta red de comunidades cristianas en todo el mundo. Con un llamado a la renovación de su ministerio, recordó la elocuente pregunta bíblica: “¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68), un clamor que resuena en cada obispo al reafirmar su compromiso pastoral.

En un pasaje clave de su discurso, Monseñor García Camader reflexionó sobre la figura de San Pedro, presentándolo como un paradigma del pastor que, a pesar de sus debilidades humanas, es transformado por la gracia divina para alcanzar una fidelidad inquebrantable. “Cristo lo eligió no por su perfección, sino por su disponibilidad a dejarse transformar. Su historia nos llena de esperanza: Jesús toma nuestras fragilidades y las convierte en fidelidad”, explicó el Obispo de Lurín, ofreciendo una visión esperanzadora y realista del liderazgo eclesial. Hizo hincapié en que el ministerio episcopal no se funda en las capacidades personales de los obispos, sino que es sostenido por la oración constante de Cristo, que los guía y fortalece en su labor.

Uno de los pilares fundamentales que Mons. García Camader quiso resaltar fue la intrínseca e histórica unidad de la Iglesia en Perú con la Sede Apostólica de Roma. “La Iglesia en el Perú ha vivido históricamente en comunión con la Sede de Pedro. Desde sus orígenes aprendió que la catolicidad no es una idea abstracta, sino una experiencia concreta de unidad en la fe”, afirmó con convicción. En este contexto de fidelidad a la tradición, evocó la figura del Patrono del episcopado latinoamericano, Santo Toribio de Mogrovejo, el segundo Arzobispo de Lima, como un modelo de obispo cuya vida y obra estuvieron en profunda sintonía con la Iglesia universal. Recordó además que “el obispo no puede encerrarse en sí mismo, sino que está llamado a caminar con su pueblo”. La reflexión sobre la unidad adquirió particular relevancia al citar la oración de Jesús: “que todos sean uno, para que el mundo crea” (Jn 17,21). El Presidente de la CEP advirtió que, en una sociedad marcada por fragmentaciones y tensiones de diversa índole, la comunión entre los obispos se erige como un “testimonio elocuente”. “Una Iglesia dividida oscurece el rostro de Cristo; una Iglesia unida lo revela con potencia”, sentenció, haciendo un llamado a una cohesión que potencie el mensaje evangélico.

La formación integral y el compromiso con la caridad fueron otros ejes cruciales de su mensaje. Mons. García Camader enfatizó la perentoria necesidad de implementar y mantener estructuras formativas robustas que nutran la fe del pueblo en contextos culturales crecientemente complejos. “Necesitamos estructuras formativas que sostengan la fe del pueblo, que iluminen, que acompañen”, dijo, evocando una vez más la visión de Santo Toribio, quien en 1591 fundara el primer seminario en el continente americano. Asimismo, el prelado subrayó que la “credibilidad del Evangelio se juega también en la caridad”, un principio que debe materializarse “en compromiso concreto con la dignidad humana, la justicia, la reconciliación, la protección de los menores y personas vulnerables, una cultura de prevención y el cuidado valiente de la casa común”. Estas declaraciones reflejan una visión de la Iglesia no solo como guardiana de la fe, sino como agente activo en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y compasiva.

Un punto culminante de la Visita Ad Limina será la audiencia que los obispos peruanos sostendrán con Su Santidad el Papa León XIV. Este encuentro adquiere un matiz especialmente significativo debido a la conexión previa del Santo Padre con Perú, ya que previamente ejerció como Obispo de Chiclayo, en el norte del país. Este vínculo personal promete un diálogo enriquecedor y una comprensión mutua más profunda de las realidades eclesiales y sociales que afronta el Perú.

Al concluir su homilía, Mons. García Camader describió la Visita Ad Limina como un “tiempo de gracia” providencial para la Iglesia en el Perú. “Desde la tumba de Pedro renovamos nuestra disponibilidad total al Señor”, expresó, con la certeza de que los obispos regresarán a sus diócesis “fortalecidos en la comunión con el Santo Padre el Papa León XIV, confirmados en la fe apostólica y renovados en el ardor misionero”. Tras la Eucaristía, los prelados peruanos completaron su jornada con la tradicional visita a las tumbas de los apóstoles San Pedro y San Pablo, un gesto que simboliza la continuidad de la fe y la renovación de su compromiso pastoral con el fiel pueblo peruano. Este peregrinar a las raíces de la cristiandad es un testimonio vivo de la dedicación de la Iglesia peruana a su misión en el mundo contemporáneo.

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