26 junio, 2026

Caracas, Venezuela – Una ola de conmoción y duelo envuelve a Venezuela tras los devastadores terremotos que sacudieron la región centro-norte del país el pasado miércoles 24 de junio de 2026. La nación se enfrenta a una de sus peores tragedias recientes, con un balance de víctimas que se agrava por horas y una crisis humanitaria en plena expansión. Ante la magnitud de la catástrofe, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha lanzado un llamado a la unidad nacional a través de una Jornada de Oración, programada para el domingo 28 de junio, buscando consuelo y esperanza en medio del profundo sufrimiento.

Hasta el mediodía del viernes 26 de junio, las cifras oficiales reveladas por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, confirmaban 920 fallecidos y más de 3.000 heridos. Sin embargo, el panorama se tornó aún más sombrío con la declaración de Tom Fletcher, secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, quien estimó en más de 50.000 el número de personas desaparecidas, elevando la urgencia de las labores de búsqueda y rescate en zonas como Caracas, La Guaira, Puerto Cabello, Morón y Tucacas, donde el impacto ha sido más severo. En estas localidades, equipos de emergencia, incluyendo rescatistas y personal médico, trabajan sin descanso entre los escombros de estructuras colapsadas, como el edificio residencial en Caracas que cedió el jueves 25 de junio.

El episcopado venezolano, en un comunicado difundido este viernes, ha expresado su “profundo dolor” por las pérdidas humanas y los cuantiosos daños materiales que “enlutan y conmueven a toda la nación”. A pesar de la tragedia, los prelados han subrayado su “mirada firmemente puesta en la esperanza cristiana”, un mensaje de fe y resiliencia para el pueblo venezolano. Los obispos han elevado “fervientes oraciones al Padre de las Misericordias” por el eterno descanso de los fallecidos y han implorado “el consuelo divino” para sus seres queridos. De igual manera, han solicitado la “pronta recuperación” de todos los heridos, muchos de los cuales luchan por sus vidas en hospitales saturados. La solidaridad de la Iglesia se ha hecho palpable, especialmente con los habitantes de las áreas más afectadas, donde la “incertidumbre” y el “dolor” se sienten con mayor intensidad.

La Jornada Nacional de Oración convocada para el domingo 28 de junio se presenta como un pilar de fortaleza espiritual. La CEV ha exhortado a las diócesis, parroquias y comunidades cristianas de todo el país a unirse y organizar iniciativas similares, con el propósito de que “todos puedan participar con la confianza puesta en Dios”. Este acto de fe colectiva busca que la “oración compartida sea el bálsamo que mitigue las angustias y encienda la esperanza” en cada persona que sufre. “No están solos, hay un pueblo y una Iglesia que camina a su lado”, han asegurado los obispos, reafirmando el compromiso de la fe cristiana, que se “hace viva a través de las obras”.

Paralelamente a la dimensión espiritual, la Iglesia ha movilizado su brazo caritativo. Cáritas Venezuela ha organizado jornadas de donación y la CEV ha habilitado su sede en Montalbán, así como todos los templos parroquales en buen estado, como centros de acopio oficiales. El llamamiento a la ciudadanía es claro y urgente: se solicita la “generosa colaboración” con agua potable, alimentos no perecederos, medicamentos y ropa en buen estado para atender de inmediato a los damnificados. Para aquellos que deseen colaborar económicamente, se ha puesto a disposición un enlace oficial, facilitando el apoyo a las víctimas de esta emergencia.

En un gesto de gratitud y reconocimiento a la solidaridad global, los obispos venezolanos han extendido su agradecimiento al Papa León XIV, la Iglesia en Latinoamérica y la comunidad internacional por sus “prontas manifestaciones de cercanía y afecto”. El Santo Padre ha expresado su profunda preocupación y su cercanía espiritual a Venezuela desde el Vaticano. La CEV también ha valorado el “esfuerzo heroico” de los médicos, rescatistas y voluntarios que trabajan incansablemente en la primera línea de la emergencia. El episcopado ha puesto a todo el pueblo venezolano bajo la protección maternal de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, en un momento de necesidad extrema. La nación, golpeada por la naturaleza, se une en oración y acción para superar esta adversidad sin precedentes.

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