17 febrero, 2026

**Ciudad del Vaticano –** El Papa Francisco, en su catequesis semanal ofrecida este miércoles desde el Aula Pablo VI, continuó profundizando en la Constitución dogmática *Dei Verbum* del Concilio Vaticano II, un documento fundamental que aborda la divina Revelación. Ante los fieles y peregrinos reunidos, el Sumo Pontífice destacó la manera en que Dios se comunica con la humanidad, concibiéndola como un “diálogo de alianza” y una relación de amistad profunda, cuyo culmen se manifiesta plenamente en la persona de Jesucristo.

La serie de reflexiones del Santo Padre busca iluminar uno de los pilares de la fe católica: la comprensión de cómo Dios se da a conocer. Durante su intervención, Francisco enfatizó que la revelación divina no se limita a la transmisión de conceptos o ideas abstractas, sino que se configura como un conocimiento relacional. En este proceso, Dios comparte su propia historia con la humanidad y la invita a una comunión recíproca, estableciendo un vínculo que trasciende el mero entendimiento intelectual.

El Vicario de Cristo subrayó que el punto álgido de esta revelación se encuentra en un encuentro histórico y personal: Jesucristo. “La verdad íntima acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación”, citó el Papa, haciendo referencia directa a la *Dei Verbum* (DV, 2). Esta afirmación central destaca el papel único de Jesús como puente y culminación de la comunicación divina con la humanidad.

Según las enseñanzas expuestas por el Pontífice, Jesús no solo revela al Padre, sino que también involucra a la humanidad en su propia relación filial con Él. Es a través del Hijo, enviado por Dios Padre, que los hombres “tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina”, una verdad que, de nuevo, resalta el texto conciliar. Este acceso al conocimiento pleno de Dios se logra al adentrarse en la relación que el Hijo tiene con el Padre, facilitado por la acción transformadora del Espíritu Santo.

Para ilustrar este punto, el Papa Francisco hizo alusión a pasajes bíblicos significativos, como el Evangelio de Lucas (10,21-22), donde Jesús expresa su júbilo movido por el Espíritu Santo, alabando al Padre por revelar sus misterios a los sencillos y no a los sabios y prudentes. A través de Jesús, los creyentes llegan a conocer a Dios de la misma manera en que son conocidos por Él, un conocimiento que revela nuestra “verdadera identidad de hijos, creados a imagen del Verbo”, tal como se describe en Gálatas (4,9) y 1 Corintios (13,13).

El mensaje papal también destacó cómo el “Verbo eterno” ilumina a toda la humanidad (DV, 4), manifestando su verdad en la mirada del Padre. Citando a Mateo (6,4.6.8), Francisco recordó que el Padre “ve en lo secreto” y “conoce bien nuestras necesidades” (Mt 6,32). Jesucristo, por tanto, se convierte en el epicentro donde se reconoce la verdad de Dios Padre, mientras que simultáneamente nos descubrimos como hijos en el Hijo, destinados a una vida plena. En este contexto, San Pablo, en Gálatas (4,4-6), explica cómo Dios envió a su Hijo para hacernos hijos adoptivos, infundiendo el Espíritu de su Hijo en nuestros corazones para clamar “¡Abba!, es decir, ¡Padre!”.

Un elemento crucial en la catequesis fue el énfasis en la humanidad de Jesucristo como vehículo primordial de la revelación del Padre. El Papa Francisco explicó que precisamente porque Jesús es el Verbo encarnado que habitó entre los seres humanos, Él revela a Dios a través de su verdadera e íntegra humanidad. “Ver al cual es ver al Padre (cf. Jn 14,9), con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación”, señala la *Dei Verbum* (DV, 4), citada por el Pontífice.

Para comprender a Dios en Cristo, es indispensable acoger su humanidad integral, argumentó Francisco. La verdad divina no se manifiesta plenamente si se le resta algo a lo humano, ni la integridad de la humanidad de Jesús disminuye la plenitud del don divino. Es la completa humanidad de Jesús la que desvela la verdad del Padre (cf. Jn 1,18), y, por ende, lo que nos redime y congrega no son solo su muerte y resurrección, sino su persona misma: el Señor que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros.

El Papa advirtió contra una visión de Jesús meramente como un “canal de transmisión de verdades intelectuales”. Si Jesús tuvo un cuerpo real, la comunicación de la verdad de Dios se realizó a través de ese cuerpo, su modo de percibir y sentir la realidad, y su manera de interactuar con el mundo. Invitando a los fieles a “compartir su mirada sobre la realidad”, Francisco evocó las palabras de Jesús: “Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?” (Mt 6,26).

Al concluir su reflexión, el Papa Francisco reafirmó que seguir el camino de Jesús hasta el final conduce a la certeza de que nada puede separar a los creyentes del amor de Dios. “Si Dios está con nosotros – escribe san Pablo –, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, […] ¿no nos concederá con él toda clase de favores?” (Rm 8,31-32). Gracias a Jesucristo, el cristiano puede conocer a Dios Padre y abandonarse a Él con plena confianza, viviendo la fe desde una profunda relación personal y transformadora. La catequesis del Santo Padre invita, así, a una vivencia integral de la fe, anclada en la persona histórica y divina de Jesús.

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