20 abril, 2026

Miles de devotos católicos se congregaron este domingo en el icónico santuario de Muxima, el principal centro de peregrinación mariana de Angola y uno de los más relevantes del África subsahariana, para participar en un multitudinario rezo del Santo Rosario junto al Papa León XIV. Este evento, cargado de fervor y significado, se enmarcó en la intensa gira pastoral del Pontífice por el continente africano.

La llegada de León XIV al santuario, ubicado a unos 130 kilómetros al sureste de Luanda, capital angoleña, fue recibida con ovaciones y una profunda emoción. Acompañado por el obispo de Viana, monseñor Emílio Sumbelelo, el Santo Padre recorrió la extensa explanada en un vehículo eléctrico, extendiendo su saludo a la multitud de fieles que había viajado desde diversas regiones del país, algunos tras agotadoras jornadas. La imagen de León acercándose a los peregrinos, visiblemente conmovidos, marcó el inicio de una jornada histórica para la Iglesia en Angola.

Tras este emotivo recorrido, el Papa León XIV ingresó en la iglesia para un momento de oración privada y adoración ante el Santísimo Sacramento. Posteriormente, rindió un homenaje especial a la Virgen, venerada en Angola como la Madre del Corazón, con una ofrenda floral, antes de dirigirse al estrado principal dispuesto en la explanada. La escena reflejaba la profunda conexión entre la fe local y la figura del Pontífice.

Jóvenes, adultos y familias enteras, muchos de los cuales pernoctaron en tiendas improvisadas en los alrededores del santuario, entonaron cánticos y rosarios sin cesar, creando una atmósfera de oración ininterrumpida. La vasta explanada, que rodea el pequeño templo edificado por los portugueses en 1599 junto a la fortaleza de Muxima, se transformó este domingo en un vibrante campamento de fe y comunión, un testimonio del arraigo católico en la nación.

El rezo del Rosario se desarrolló con el apoyo de lectores en varias lenguas, reflejando la diversidad cultural de Angola, y culminó con el solemne canto del Salve Regina. En un clima de profundo recogimiento, el Papa presentó el acto devocional como un llamado explícito al compromiso cristiano. “El Rosario”, afirmó León XIV, “nos compromete a amar a cada persona con corazón de madre —de manera concreta y generosa— y a dedicarnos al bien de los demás, especialmente de los más pobres”. Esta declaración resonó profundamente entre los presentes, subrayando la dimensión social de la fe.

Durante su intervención, el Santo Padre compartió un “gran proyecto” confiado por la Madre celestial a los fieles: “Construir un mundo mejor y acogedor, donde no haya más guerra, injusticia, pobreza ni deshonestidad, y donde los principios del Evangelio inspiren y modelen cada vez más los corazones, las estructuras y los programas, para el bien de todos”. Con una voz firme, el Papa León XIV proclamó: “¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!”, un mensaje que, según él, reside en el propio corazón de María.

En su discurso, el Pontífice citó a su predecesor San Juan Pablo II, quien en su carta apostólica *Rosarium Virginis Mariae*, describió el Santo Rosario como la oración de un cristianismo que ha mantenido la “frescura de sus comienzos” y se siente “impulsado por el Espíritu” para “proclamar, e incluso gritar, ante el mundo que Jesucristo es Señor y Salvador”. Inspirado en esta visión, el Papa exhortó a los católicos a esforzarse “sin medida” para que “nadie carezca de amor”. Y añadió: “Buscamos también proveer lo necesario para vivir con dignidad y felicidad: que el hambriento tenga qué comer, que el enfermo reciba los cuidados necesarios, que a los niños se les garantice una educación adecuada y que los ancianos puedan vivir sus últimos años en paz”. De esta manera, León instó a imitar a la Virgen María, presentándola como una madre que “piensa en todo esto” y “nos invita a compartir su preocupación maternal”.

Tras la meditación de los Misterios Gloriosos, el Pontífice destacó la figura de la Virgen venerada en Angola como Madre del Corazón —Mamã Muxima en lengua kimbundu—, quien, según explicó, “ha trabajado en silencio para mantener vivo y palpitante el corazón de la Iglesia”. Describió a Mamã Muxima como un receptáculo de innumerables corazones: “los suyos y los de tantas personas que aman, rezan, celebran, lloran y a veces —cuando no pueden venir personalmente— confían sus súplicas y peticiones a cartas y mensajes postales”. “Mamá Muxima acoge a todos, escucha a todos y reza por todos”, sentenció el Papa, enfatizando su rol de intercesora universal.

El santuario de Muxima no solo es un centro de profunda devoción religiosa, sino también un lugar con un pasado histórico complejo, entrelazado con la época colonial y la trata de esclavos. Durante ese oscuro periodo, la iglesia fue utilizada para los bautismos forzados de africanos esclavizados antes de su traslado a Luanda y posterior embarque hacia América. Aunque León no se refirió explícitamente a este episodio, recordó que en este lugar, “durante siglos, muchos hombres y mujeres han orado en tiempos de alegría y también en momentos de dolor y de grandes sufrimientos en la historia de este país”, honrando la memoria de quienes allí sufrieron.

Previamente a la intervención papal, el obispo Sumbelelo de Viana había recordado que este santuario, originalmente dedicado a la Inmaculada Concepción, fue espontáneamente “rebautizado” por los fieles como santuario de la “Madre del Corazón”. Este título, subrayó el Papa León XIV, “nos lleva a reflexionar sobre el corazón de María: un corazón puro y sabio, capaz de guardar y meditar los acontecimientos extraordinarios de la vida del Hijo de Dios”.

La gira del Papa León XIV por África, que ya lo ha llevado a Camerún y Argelia, concluirá en Guinea Ecuatorial antes de su regreso a Roma. Su visita a Muxima ha dejado una profunda huella de fe y esperanza en los corazones de los angoleños.

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