La captura del presidente Nicolás Maduro en un operativo de Estados Unidos, ocurrida en la madrugada del 3 de enero, y su posterior traslado a una prisión de Nueva York bajo cargos de terrorismo y narcotráfico, ha sumergido a Venezuela en uno de los momentos más delicados de su historia contemporánea. Este suceso, que marca un antes y un después en la ya compleja crisis venezolana, ha generado un intenso debate sobre la legalidad internacional y los caminos posibles para una estabilidad futura. Para analizar esta profunda coyuntura, hemos consultado al Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, Rodrigo Guerra, quien ofrece una perspectiva crítica y reflexiva desde la Doctrina Social de la Iglesia.
Guerra enfatiza que “una acción militar unilateral contra un país desafía los fundamentos jurídicos del orden internacional”. Esta declaración subraya la preocupación de la Santa Sede por el respeto al derecho internacional y la soberanía de las naciones, principios que considera esenciales para la coexistencia pacífica y la justicia global. La intervención externa, incluso con fines que se perciban como justos, conlleva el riesgo de erosionar la estructura legal sobre la que se asienta el sistema mundial.
**El Desafío a las Instituciones Globales**
El actual escenario en Venezuela es, según Guerra, un “punto de inflexión histórico” para la nación y la región, aunque el desenlace final permanece incierto. Sin embargo, lo que sí es evidente es la incapacidad de los organismos internacionales clave para gestionar este tipo de crisis. “Los organismos internacionales más directamente relacionados con este tipo de cuestiones han quedado rebasados”, señala el Secretario de la Pontificia Comisión. El Consejo de Seguridad de la ONU, en particular, “requiere de un rediseño profundo”. Esta debilidad institucional, advierte Guerra, propicia un ambiente donde “la ley del más fuerte” puede imponerse sobre “la fuerza de la ley y de la justicia”, creando un precedente peligroso para la estabilidad global.
**La Doctrina Social de la Iglesia y la Transición Política**
Al abordar la cuestión de una transición política que emana de una acción militar extranjera, Guerra aclara que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) no ofrece un manual específico sobre “transiciones”. No obstante, sí proporciona “principios permanentes, criterios de juicio y algunas directrices de acción general”. La DSI insta a la “obligación moral, cívica y cristiana de custodiar el bien común y de tomar en cuenta siempre al pueblo”. El pueblo, recalca, “no es una realidad prescindible”.
La construcción del “bien auténtico” debe fundamentarse en “medios buenos y escucha atenta al pueblo”. La advertencia es clara: “Buscar lograr un fin bueno con medios malos, corrompe la acción y crea una atmósfera malsana que termina reproduciéndose”. Para Guerra, es imperativo establecer “bases objetivamente buenas desde el comienzo” para asegurar que la edificación de una nueva realidad política no colapse por “inconsistencias acumuladas”, una falencia lamentablemente común en procesos complejos. La preservación de la dignidad humana, el orden público y la justicia son pilares innegociables en cualquier esfuerzo por reconstruir una sociedad.
**El Peligro de la Normalización de la Tutela Externa**
Uno de los riesgos más significativos en el panorama actual de Venezuela es la “normalización” de situaciones donde “la ley del más fuerte” prevalece. Guerra advierte contra la tentación de que este tipo de soluciones se conviertan en un camino ordinario para la reorganización del orden mundial. Para contrarrestar esta amenaza, subraya la necesidad de “instituciones internacionales robustas que custodien el bien común global con una cierta capacidad coactiva y una orientación explícita a favor de los derechos humanos de todas las partes”.
La visión de los Pontífices, como el Papa Benedicto XVI y el actual Santo Padre, sobre una autoridad política de alcance global y estructura subsidiaria no apunta a un “super-gobierno mundial”, sino a “un conjunto de instituciones regionales y globales renovadas, realmente capaces de evitar que acciones bélicas unilaterales acontezcan por aquí o por allá imponiendo su ley”. El propósito es fortalecer el marco legal y ético que debe regir las relaciones entre las naciones.
**Condiciones para una Transición Democrática Genuina**
El Papa Francisco, tal como lo recordó Guerra, ha delineado condiciones esenciales para avanzar hacia una situación mejor en Venezuela. Estos puntos, que deben servir como hoja de ruta para cualquier proceso de transición, incluyen:
1. **El bien del pueblo venezolano:** Debe prevalecer sobre cualquier otra consideración o interés particular.
2. **Superación de la violencia:** Es imprescindible abandonar la confrontación y emprender caminos de justicia y paz.
3. **Garantía de soberanía:** La independencia y autodeterminación del país deben ser plenamente respetadas.
4. **Respeto al Estado de derecho:** La Constitución y las leyes vigentes deben ser acatadas y protegidas.
5. **Promoción y defensa de los derechos humanos:** Los derechos civiles de todas las partes deben ser salvaguardados de manera constante y sin interrupciones.
6. **Construcción conjunta del futuro:** El progreso y la estabilidad se logran a través del trabajo colaborativo de todos los sectores de la sociedad.
7. **Atención preferencial a los más pobres:** Los marginados y vulnerables no pueden ser olvidados ni sus necesidades pospuestas.
**La Esperanza de la Iglesia Venezolana**
Frente a este complejo panorama, la Iglesia en Venezuela, que ha sido “probada y purificada” a lo largo de los años, mantiene su esperanza. Esta no reside en ideologías políticas, sino “en Jesucristo”, quien “es el Señor de la Historia y abre caminos, a veces, insospechados”. La institución eclesiástica está llamada a estar atenta a esos senderos de fe y acción.
Guerra destaca la prudencia y la dedicación de figuras como Mons. Jesús González, Mons. José Luis Azuaje y Mons. José Antonio Da Conceição Ferreira, quienes “velan por su pueblo, antes que nada”. Asimismo, resalta la inteligencia y prudencia pastoral del Arzobispo de Caracas, Mons. Raúl Biord. La Iglesia venezolana, con sus líderes y fieles, confía en que la gracia divina acompañará al pueblo en estos momentos cruciales, demandando discernimiento, fidelidad y profecía para encontrar la senda hacia la paz y la justicia. El llamado a la oración es, ahora más que nunca, un pilar fundamental para superar esta crisis sin precedentes.






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