17 febrero, 2026

El panorama social y político de Estados Unidos se encuentra en un punto de ebullición, con la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) a la vanguardia de la búsqueda de soluciones y la promoción de la paz. Monseñor Paul Coakley, Arzobispo de Oklahoma City y presidente de la USCCB, ha subrayado la política migratoria como una “prioridad ineludible” para la Iglesia, al tiempo que ha instado a la nación a la oración y la reflexión frente a la reciente ola de violencia y disturbios civiles, particularmente en Minneapolis. Sus declaraciones, emitidas tras un encuentro con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca y una entrevista con “EWTN News In Depth”, reflejan la preocupación episcopal por la dignidad humana y la cohesión social en un momento de profunda división.

La inmigración ha sido históricamente un pilar central de la pastoral social de la Iglesia en Estados Unidos, y la USCCB mantiene su firme compromiso con esta causa. El 12 de enero de 2026, el Arzobispo Coakley se reunió con el presidente Trump, un encuentro donde se abordaron diversos aspectos de la política migratoria. Un logro destacado de esta interacción fue la facilitación de las visas R-1, destinadas a trabajadores religiosos. Esta medida, vital para el sostenimiento de parroquias y comunidades religiosas en todo el país, ha permitido a sacerdotes, religiosas y otros colaboradores continuar su ministerio sin las barreras burocráticas previas. Coakley expresó su satisfacción por este avance, señalando que la administración presidencial “escuchó y atendió” las peticiones de la Iglesia, y reiteró el diálogo sobre una reforma migratoria más integral. La colaboración con líderes nacionales subraya el papel activo de la USCCB en la defensa de políticas justas y humanas.

Sin embargo, el optimismo por los avances en política migratoria se vio empañado por la creciente tensión social. Minneapolis ha sido el epicentro de una renovada ola de agitación civil y brotes de violencia, desencadenados por recientes fatalidades a manos de agentes federales. El asesinato a tiros de Alex Pretti el 24 de enero por fuerzas del orden federales, sumado a la muerte de Renee Good el 7 de enero por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), ha profundizado el malestar en la ciudad. Estos incidentes han avivado el debate sobre el uso de la fuerza y la responsabilidad de las agencias federales, generando un clima de frustración y enojo que Coakley calificó de “perturbador”. La escalada de eventos ha puesto de manifiesto la urgencia de abordar las raíces de la violencia y la desconfianza entre la ciudadanía y las autoridades.

Ante este escenario, Mons. Coakley hizo un llamado contundente a sus hermanos obispos y sacerdotes de todo el país para organizar Horas Santas de oración por la paz. La iniciativa busca trascender la ira y la confrontación, promoviendo una respuesta espiritual que invite a la reflexión y la unidad. “Creemos que, en vista de la ira y las reacciones violentas, nos sentimos impulsados ​​a intentar cambiar el tono de las conversaciones y a llamar a la gente a dar testimonio mediante la oración”, explicó el arzobispo. El objetivo es presentar “todo ante el Señor en la Sagrada Eucaristía, para implorar la gracia y la presencia de Dios, su valentía y su guía” en la búsqueda de soluciones a “situaciones muy difíciles y desafiantes sobre el terreno”. Esta propuesta resalta la fe como un ancla en tiempos de tribulación, ofreciendo un camino hacia la sanación y el entendimiento mutuo.

La situación en torno al ICE y la aplicación de las leyes migratorias, según Coakley, representa “un problema que sencillamente no podemos eludir”. Este desafío impacta profundamente no solo a migrantes e inmigrantes, sino también a los agentes de las fuerzas del orden y a “personas que se preguntan, que cuestionan en su corazón y mente, cuál es la respuesta adecuada para los católicos, los cristianos y las personas de buena voluntad ante una situación casi sin precedentes”. El líder de la USCCB enfatizó que la política migratoria sigue siendo una “alta prioridad” para los obispos, un punto que quedó claramente establecido en un mensaje especial emitido en noviembre durante su asamblea de otoño, el cual recibió un respaldo casi unánime de los obispos estadounidenses. Este enfoque integral busca considerar todas las dimensiones del problema, desde la humanidad hasta la legalidad.

En un contexto de creciente polarización y miedo, Mons. Coakley reflexionó sobre las raíces de la división social. “No creo que sea algo que haya sucedido de la noche a la mañana. Creo que llevamos años yendo en esta dirección”, afirmó. Atribuyó gran parte de esta situación al miedo, al que describió como “una herramienta del enemigo de nuestra naturaleza humana”, una fuerza que busca “enfrentarnos unos contra otros, cegarnos a la dignidad de nuestros hermanos y hermanas y a la dignidad que Dios nos dio, creados a su imagen y semejanza”. El arzobispo también especuló sobre la posible preocupación del Papa León XIV por los eventos en Estados Unidos, dado el alcance global de la atención mediática y el interés que el pontífice mantiene en los asuntos de su país natal. La crisis en Minneapolis, por tanto, trasciende las fronteras locales, adquiriendo una relevancia internacional.

Desde Minneapolis, el padre jesuita R.J. Fichtinger ofreció una perspectiva directa sobre el sentir de la comunidad. En la misma entrevista con “EWTN News In Depth”, el sacerdote jesuita describió un “cansancio y frustración generalizados” entre los fieles, quienes sienten una falta de capacidad para responder eficazmente a las múltiples necesidades. En momentos de desacuerdo profundo, el P. Fichtinger aconsejó seguir el ejemplo de Jesús y “orar”. Destacó la importancia de la oración intencional como primer paso, seguido de la capacidad de “separar a las personas de las acciones”, lo cual, aunque difícil, permite juzgar las injusticias sin deshumanizar al otro. También subrayó la necesidad de “redescubrir ese arte de tener conversaciones difíciles”, enfatizando que el mundo es complejo y requiere un diálogo reflexivo y respetuoso.

El P. Fichtinger apoyó plenamente el llamado de los obispos a la oración y las Horas Santas, viendo en la adoración eucarística un medio poderoso para encontrar la paz y la guía divina. “No conozco mejor manera de dirigirnos al Señor en oración que en la adoración, en paz y en oración, en el hermoso silencio que la adoración y la bendición pueden brindar”, comentó. En consonancia con este espíritu, Mons. Coakley también advirtió a los fieles sobre la importancia de discernir las fuentes de información, instando a “tener cuidado de dónde obtenemos nuestra información” y a evitar convertirse en “peones de ese tipo de manipulación de la información y los hechos”. El Arzobispo enfatizó que la oración debe ser el punto de partida fundamental, buscando la gracia y la dirección de Dios.

En un momento de profundos desafíos nacionales, la voz de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, a través de Monseñor Paul Coakley, resuena con un doble llamado: la defensa activa de políticas migratorias justas y la invocación a la oración como cimiento para la paz y la reconciliación. La situación en Minneapolis y la continua necesidad de una reforma migratoria integral ponen de manifiesto la complejidad del panorama social. La Iglesia, con su liderazgo pastoral y espiritual, busca guiar a los fieles no solo a través de la acción cívica, sino también a través de un profundo compromiso con la fe, la oración y la búsqueda de la dignidad humana en medio de la adversidad.

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